viernes, 4 de enero de 2013

LOS RUIDOS Y LOS SILENCIOS.


La ciudad y el campo.
LOS RUIDOS Y LOS SILENCIOS.

Como soy una persona lumínica (alguna vez ya he explicado de que se trata), por más que me acueste tarde, con la primera claridad estoy despierto. No sé todavía si esto es bueno o malo, pero tiene a favor que aprovecho con todo ese día que Dios me regala, pero por otro lado, pierdo así horas de sueño.
En esto pensaba el 1er. día del año, cuando luego de las celebraciones de Nochevieja me levanté y en las calles de mi querido Chascomús no se escuchaba volar ni una mosca.
Reflexionaba también sobre el error de la gente de las ciudades cuando dicen: “Que lindo sería vivir en el campo… ¡Cuánto silencio habrá por las noches!” a lo que suelo contestar que están muy equivocados, en el campo también hay ruidos nocturnos y más aún, de una variedad muy superior a los constantes ruidos de motores de los vehículos y algún que otro bocinazo, que de alguna manera producen acostumbramiento.
Recordaba otras épocas de Chascomús, cuando aún no estaba interconectado al servicio eléctrico nacional y cuando la energía eléctrica que consumía nuestros hogares era de un generador que estaba en lo que nosotros llamábamos la Usina Vieja. Era inmenso y provocaba un ruido que en días calmos se podía escuchar a varios kilómetros a la redonda. Su cuidador nocturno era don López, quien colocaba una silla al lado del motor y se dormía plácidamente, solamente se despertaba cuando el generador, por alguna falla u otro motivo cambiaba su ruido o su ritmo. Luego de tantos años de trabajo yo creo que el ruido que provocaba era para él como un arrorró o canción de cuna.
Eso también ocurre, uno se acostumbra a los ruidos, para terminar convenciéndose de que no existen.
Yo creo que si una persona del campo que va a la ciudad no podrá dormir durante las primeras noches y lo mismo le ocurrirá con una de ciudad transportada al campo.
Con las últimas claridades del día, el campo comienza a adormecerse, la gente, debido a tener que levantarse temprano, temprano también se va a dormir.
El manto de la noche todo lo cubre y parece que el silencio será total, pero no es así.
Unos balidos lastimeros pueblan la noche, son los terneros hijas de las lecheras que serán ordeñadas no bien venga la primera claridad del día. Están encerrados en el chiquero y llaman a sus madres. Estas, más acostumbradas rumean cerca del corral del tambo y de vez en cuando dejan esa tarea para soltar unos mugidos continuos como diciendo a sus crías: “No te preocupes, estoy aquí”.
Unos ladridos impetuosos y una espantada seguida de un galope que se aleja, dan la pauta de que algún yeguarizo se ha acercado demasiado a la casa y esto ha preocupado a un perro guardián que dormía plácidamente debajo de un vagón, eso despierta a los otros perros y lanzan algún que otro aullido, pero sin ganas.
Por unos momentos el silencio lo gana todo. De pronto, algo lejos de la casa, gritos de teros enojados delatan el paso de algún zorrino o comadreja en cacería nocturna y que ha osado pasar cerca de su nido.
La brisa nocturna, leve, pero constante, silba entre las ramas de los eucaliptos moviéndose acompasadamente.
La rueda del molino cercano quiere girar y produce el rechinar de sus aletas, sujeta a la rienda de alambre que la frena y de la que da tirones, de porfiada nomás.
El silencio vuelve, pero solo un instante, nuevamente se rompe con los chistidos de una lechuza en su silencioso vuelo que ha descubierto un ratón que corre presuroso al galpón donde se guardan los cueros.
A lo lejos se siente un cencerro que tañe en el cuello de la madrina quien aprovecha la tranquilidad para caminando ir arrancando los tiernos pastos apenas mojados por el rocío nocturno.
¡Esos son los ruidos del campo! ¡Qué me vengan a hablar ahora de silencio y tranquilidad!

LA MADRUGADA EN UNA ESTANCIA.

LA MADRUGADA EN UNA ESTANCIA.

Ayer hablábamos de los sonidos nocturnos del campo y por mí pasaron infinidad de recuerdos, fundamentalmente de mi niñez, en las estancias en que mi padre era mayordomo y a las que íbamos con mi madre y mis dos hermanos muy seguido. Pienso que los recuerdos de esa época en donde el ser humano comienza su aprendizaje quedan estampados y siempre hay una chispa que los despierta y aparecen con increíble nitidez.
Uno habla de la memoria siempre en singular, pero me atrevería a decir que son varias, hay memoria visual, olfativa, auditiva, en fin, cada uno de nuestros sentidos recuerda lo que más les impactó de un momento vivido y todos juntas hacen el recuerdo.
El amigo Miguelangel Gasparini, me tiró una “cuarta” y no soy quien para despreciarla.
Seguiremos con nuestro relato, entonces.
La noche está en las últimas, pero antes de que aclare, ya algún paisano comienza su actividad, en este caso, el menor, en su doble función de boyero y marucho.
Se levanta silbando, bajito, como para no molestar a quienes aún pueden echar un sueñito más. El ruido de la bomba sapo demuestra que se lavará para sacarse la modorra nocturna y así silbando algún viejo estilo o milonga, como para sentirse acompañado su primera tarea será destrabar la rueda del molino de la rienda alambrina que la ha tenido sujeta toda la noche y cuya paleta con dos o tres golpes secos y metálicos, acomoda convenientemente la rueda que comienza a girar mientras la sopapa sube y baja en ritmos acompasados brotando el agua que comenzará a llenar el tanque australiano.
Luego llega el momento de dirigirse al potrero, donde resopla lanzando desde sus ollares nubes de vapor, el viejo y ,manso nochero, a quien sin demasiado lujo, enfrena y le tira simplemente un cuerito y parte para el campo en busca de las lecheras.
La claridad, de a poco se hace presente y la temperatura comienza a ascender. El campo se llena de una bruma debido a la evaporación que el rocío nocturno ha depositado sobre los pastos.
En las casas también comienza la actividad. Con los primeros rayos del sol, que va pintando las nubes de naranjas y rosas, un gallo, patrón del lugar, parado desde un palenque, dará unos aleteos y lanzará al aire su clarinada, la respuesta es otro “quiquiriquí” lanzado por un segundo gallo, no menos cantor. Esto es suficiente, es el toque de diana.
De los árboles vecinos se sienten unos aleteos y las gallinas se “sueltan” al piso cayendo pesadamente debido a su entumecimiento y comienzan su derrotero escarbando y picoteando en el suelo aún húmedo por el rocío.
En torno a las casas rondan unos patos corpulentos, semejando almas en pena y mientras se dirigen a las cunetas del camino para su baño matinal, jadean por sus picos entreabiertos un afligido alerta.
Los perros también despiertan y comienzan unos ladridos sin sentido ni motivo, sino simplemente para sacarse la modorra.
Los peones ya se han levantado y con sus palanganas en mano, hacen una cola frente a la bomba sapo. Gran cantidad de toses pueblan la madrugada, guasos bostezos, algún chiste, una sonora carcajada, son los sonidos normales del momento.
Luego de lavarse se irán a la cocina para unos mates y a la pasada cortarán un trozo de los restos del cordero de la noche que está colgado de un gancho a la entrada de la cocina, una pasada por la bolsa de galleta y a matar el “venado”.
El boyero ya regresa con las lecheras que serán ordeñadas, caminan cansinamente para el corral con sus ubres repletas e hinchadas de leche, los terneros balan en el chiquero movidos por el hambre.
El boyero, este aprendiz de mensual, las encierra sin desmontar y cambia su actividad a “marucho” y regresa al campo, ahora en búsqueda de la tropilla que ensillarán los peones que saldrán de recorrida.
Las palomas montesas arrullan en las ramas más altas de los frondosos eucaliptus vaticinando un día caluroso.
Todo es actividad, bajo el alero del galpón se escuchan los ruidos sordos de los recados que traen los peones para ensillar, ruidos de coscojas, golpes de alguna argolla y arrastrar de correones y cinchones dominan ahora el ambiente.
De pronto es cortado por el galopear de la tropilla que trae el marucho y a la que entra en el corral. Resuellos, algún relincho, algún amago de una patada, los yeguarizos, con las orejas tiradas hacia atrás demuestran así su molestia por ser encerrados.
La mujer que oficia de cocinera lanza desde la puerta de la cocina varios silbidos entrecortados, son contestados
en coro por una manada de pavos que echando la cabeza hacia atrás lanzan unos gritos en cadencia ensordecedora y se arriman a recibir su porción de maíz.
La hija de la cocinera, con el balde en una mano y en la otra un grupo de maneas se arrima al corral del tambo, atado a su cintura el tradicional banquito de una sola pata, en un rato regresará con el balde lleno de fresca y espumosa leche.
Ya los peones han ensillado y se dirigen al campo a cumplir con las tareas que el capataz ha indicado.
Por un momento en las casas se produce algo de silencio, pero se ve interrumpido por el golpear de hacha desgajando en astillas los rolos que se han acercado a la cocina.
Y así es un amanecer en una estancia, son recuerdos imborrables que siempre estarán presentes en mi memoria.

Matambre a la pizza.


Compartimos con uds. un plato muy facil y bien argentino para compartir en el fin de semana, Matambre a la pizza.

Matambre angosto 1 kilo

Leche 1 litro
Ajo picado 2 dientes

Cubierta
Jamón cocido 300 g
Salsa de tomate 100 cc
Mozzarella en barra 400 g
Tomates en rodajas 4
Aceite de oliva
Albahaca 50 g
Aceitunas negras 100 g

Varios
Huevo duro picado
Hojas verdes
Morrones

Modo de preparación

Sumergir el matambre en la leche y perfumar con el ajo. Dejar reposar durante 12 horas.
Si es necesario apurar el proceso de tiernizado, cocinar el matambre cubierto de caldo hasta que esté tierno escurrir y utilizar.


Armado
Retirar la grasa del matambre, acomodarlo sobre la parrilla, y cubrirlo con el jamón , la salsa de tomate, el queso mozarella y las rodajas de tomate fresco. Rociar con un hilo de aceite de oliva, y cocinar hasta que el calor llegue a fundir el queso. Retirar de la parrilla, y decorar con hojas frescas de albahaca, aceitunas y el huevo duro picado..
Acompañar con hojas verdes bien crocantes.
Compartimos con uds. un plato muy facil y bien argentino para compartir en el fin de semana, Matambre a la pizza. 

Matambre angosto 1 kilo

Leche 1 litro
Ajo picado 2 dientes

  Cubierta
Jamón cocido 300 g
Salsa de tomate 100 cc
Mozzarella en barra 400 g
Tomates en rodajas 4
Aceite de oliva
 Albahaca 50 g
Aceitunas negras 100 g

  Varios
Huevo duro picado  
Hojas verdes
Morrones

Modo de preparación 

Sumergir el matambre en la leche y perfumar con el ajo. Dejar reposar durante 12 horas. 
Si es necesario apurar el proceso de tiernizado, cocinar el matambre cubierto de caldo hasta que esté tierno escurrir y utilizar. 


Armado 
Retirar la grasa del matambre, acomodarlo sobre la parrilla, y cubrirlo con el jamón , la salsa de tomate, el queso mozarella y las rodajas de tomate fresco. Rociar con un hilo de aceite de oliva, y cocinar hasta que el calor llegue a fundir el queso. Retirar de la parrilla, y decorar con hojas frescas de albahaca, aceitunas yel huevo duro picado.. 
Acompañar con hojas verdes bien crocantes.

jueves, 3 de enero de 2013

VIUDA, MADRE Y HEROINA...GERTRUDIS MEDEIROS...


VIUDA, MADRE Y HEROINA...GERTRUDIS MEDEIROS...

Año 1811. En su afán por recuperar el ex Virreynato del Río de la Plata y luego de derrotar a los patriotas en Huaqui los realistas avanzan rumbo Buenos Aires. Al recibir la noticia Juan José Fernández Cornejo muere súbitamente.

Su joven viuda, Gertrudis Medeiros, todavía llora sobre su sepultura junto a sus 3 pequeñas hijitas cuando por orden de Pío Tristán es tomada prisionera. Parte de su casa es convertida en cuartel y el resto demolida para construir trincheras
Cuando Manuel Belgrano triunfó en Salta, ayudado por hábiles mujeres como Juana Moro y Martina Silva de Gurruchaga, que capitaneando la tropa que formara se presentó en el campo de batalla, Gertrudis recuperó la libertad pero quedó en la pobreza.

Al año siguiente su hacienda, ubicada sobre el camino entre Salta y Jujuy fue asaltada. Desesperada resistió junto a los escasos gauchos que trabajaban sus tierras, pero tanta valentía no fue suficiente. Los restos de anteriores saqueos, cosechas y ganado, fueron arrasados.

Los pobladores de Campo Santo, indefensos, la vieron amarrada a un algarrobo que aún se conserva y cuyo follaje recuerda a la heroica mujer.

Encadenada fue llevada a Jujuy. El maltrato reafirmó su patriotismo y estando presa informaba sobre el enemigo al Gral. Güemes. Bajo sospecha, fue sentenciada a morir en los socavones de Potosí pero huyó la noche antes de ser trasladada y regresó a Salta.

Ante una nueva invasión se refugió en Tucumán. Gertrudis, la valiente espía, la heroica madre, todo lo había perdido. Pidió que se le otorgara una pensión pero no fue escuchada. Murió en la pobreza, cubierta por el manto del olvido.

la empanada Salteña


Seguimos con temperatura fresca , te popemos anticiparte al fin de semana y sorprender a tus amigos? En esta oportunidad les dejamos la receta de la empanada Salteña , para 100 unidades.

Ingredientes para 100 empanadas:

2 kg Harina
150 gr de grasa Pella
Sal
2 Kg de carne tierna
Pimentón Dulce
Comino (1 cucharada)
Ají molido (1 Cucharada)
750 gr de Cebolla
1 Kg de Papas
6 Huevos
Cebolla de verdeo (A gusto)


La Masa:

Se hace una corono con la harina (, agrega los 150 gr de grasa pella (derretida) y agua tibia con sal, cantidad a gusto. Amasamos y dejamos reposar la masa entre 15 a 20 mins.

Después estiramos la masa con palote, la estiramos lo suficiente, unos 2mm recordemos que no debe quedar gruesa.

Preparacion del relleno llamado Recado:

Primero freir los 750 gr de cebolla en grasa pella (5 cucharadas) o aceite (misma cantidad). Se agrega los 2 kilos de carne que debe ser picada fina a cuchillo (jamás debe ser molida) y se revuelve todo haste que este listo. Condimentar con sal a gusto, 1 cucharada de comino, 1 cucharada de pimentón dulce y una de ají molido .

Por aparte hervir 1 kilo de papas y picarlas en cubitos bien chiquitas, deben estar al dente (no se debe desarmar), y hervir los huevos. Una vez que las papas estén en esas condiciones agragaralas al resto del relleno.

Colocar el relleno en un bandeja, arriba de este poner los huevos duros y la cebolla de verdeo picada fina, dejar enfriar. Una vez frió agregar los huevos picados no muy gruesos y revolver todo.

Y por último colocar el relleno en los disco de empanada y repulgar. El horno debe estar muy caliente, una vez que la masa esta dorada (cuidado con que salgan secas) sacar la empanadas y disfrutarlas.
Seguimos con temperatura fresca , te popemos anticiparte al fin de semana y sorprender a tus amigos?  En esta oportunidad les dejamos la receta de la empanada Salteña , para 100 unidades.

Ingredientes para 100 empanadas:

2 kg Harina
150 gr de grasa Pella
Sal
2 Kg de carne tierna
Pimentón Dulce
Comino (1 cucharada)
Ají molido (1 Cucharada)
750 gr de Cebolla
1 Kg de Papas
6 Huevos
Cebolla de verdeo (A gusto)


La Masa:

Se hace una corono con la harina (, agrega los 150 gr de grasa pella (derretida) y agua tibia con sal, cantidad a gusto. Amasamos y dejamos reposar la masa entre 15 a 20 mins.

Después estiramos la masa con palote, la estiramos lo suficiente, unos 2mm recordemos que no debe quedar gruesa.

Preparacion del relleno llamado Recado:

Primero freir los 750 gr de cebolla en grasa pella (5 cucharadas) o aceite (misma cantidad). Se agrega los 2 kilos de carne que debe ser picada fina a cuchillo (jamás debe ser molida) y se revuelve todo haste que este listo. Condimentar con sal a gusto, 1 cucharada de comino, 1 cucharada de pimentón dulce y una de ají molido .

Por aparte hervir 1 kilo de papas y picarlas en cubitos bien chiquitas, deben estar al dente (no se debe desarmar), y hervir los huevos. Una vez que las papas estén en esas condiciones agragaralas al resto del relleno.

Colocar el relleno en un bandeja, arriba de este poner los huevos duros y la cebolla de verdeo picada fina, dejar enfriar. Una vez frió agregar los huevos picados no muy gruesos y revolver todo.

Y por último colocar el relleno en los disco de empanada y repulgar. El horno debe estar muy caliente, una vez que la masa esta dorada (cuidado con que salgan secas) sacar la empanadas y disfrutarlas.
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El 3 de enero de 1833 son usurpadas las Islas Malvinas.
El 25 de mayo de 1810 La Argentina, pasa a poseer los territorios españoles de las islas Malvinas, Georgias y Sandwichs del Sur. Desde este momento, y hasta la usurpación inglesa, la Argentina goza de sus derechos, como cualquier provincia del territorio nacional.
Cuando se produjo la revolución de mayo, se separaron las provincias de la denominación de la metrópoli, España tenía una posesión material de las islas Malvinas y de todas las demás que rodean el Cabo de Hornos, incluso a Tierra del Fuego, justificada por el derecho de primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas europeas y por depender del Virreinato del Río de la Plata.
El comandante Onslow, de la Corbeta Clío, tomó posesión de Puerto Soledad. El día 5, el pequeño buque argentino Sarandí, se retira hacia Buenos Aires. Mientras tanto, luego de haber arriado la bandera argentina de las islas, Onslow, iza la bandera inglesa. Carente de otras órdenes, el capitán inglés abandona Puerto Soledad, y deja en custodia de la bandera, al escocés Dickson.
El día 3 de enero el Tte. Cnel. José María Pinedo, al mando de la Corbeta Sarandí, intenta impedir dicho acto de agresión, pero se ve superado en número. Los piratas (británicos) eran tres veces superior al número argentino, ya que los ingleses que acompañaban a Pinedo se negaron a luchar contra su bandera. Por lo tanto eran solo 14 soldados y otros 10 civiles sin armas. Por ese motivo, Pinedo no tuvo otra alternativa que rendirse.
Por este acto, Pinedo fue sancionado por el Consejo Supremo de Guerra y Marina. Según el art. 41 del Código Naval, todo Comandante de guerra debe defender su pabellón de cualquier superioridad con que fuese atacado, con el mas valor y nunca se rendirá a fuerzas superiores sin cubrirse de gloria en su gallarda resistencia...
Mas allá de la decisión de Pinedo, los británicos en este día pero hace 172 años, nos han usurpado una pequeña pero querida parte de nuestro territorio nacional.
El día 15, llega el buque Sarandí a Buenos Aires. Ese mismo día el gobierno realiza una protesta al encargado de negocios británico, quien niega los hechos.
Una circular del 23 de enero, comunica a las "repúblicas americanas", el atentado cometido por Inglaterra. La nota produjo un amplio silencio de parte de los países del continente, y el Annual Register de 1833, felicitaba a los Estados Unidos por mantenerse callado, ante las quejas del "débil".
El 24 de abril, el representante argentino en Londres, Don Manuel Moreno, presentó una queja ante la corona británica, que reiteró el 17 de junio, en una extensa y documentada memoria de protesta.
Este mismo año ocurrió un hecho trágico en las islas, donde dos gauchos, entre ellos Rivero, junto con dos indios inician una sangrienta matanza.
Ilustracion de Carlos Latuff, es un caricaturista brasileño que ilustra los grandes sucesos mundiales. No pretendemos herir sentimientos, la imagen lo dice todo.

miércoles, 2 de enero de 2013

¡ Amalgama !



¡ Amalgama !

Pareciera que a veces quedan dudas sobre nuestra identidad, como que no esta bien en claro de donde venimos, como se formó el ser argentino y fue macerándose con el correr del tiempo, entonces, para encarar este tema, los invito a remontarnos al siglo XVI, que así podemos empezar a darle forma a la cosa.
Tiempos en que nuestro territorio se veía invadido por distintos colonialismos europeos. Sin desviarnos del tema ante el avasallamiento nativo, pero sí destacando la cruza que se formara entre ambos continentes.
Sabido es que ya no quedan Querandíes, Charrúas, Onas, Huarpes, Comechingones, etc. pero por suerte si hay Mocovíes, Guaraníes y otras etnias. En fin solamente quise traerlos a la memoria para poder aclarar esta fusión.
Son demasiados los autores, viajeros, que nos dejaron su testimonio, en aquel entonces aquellos colonialistas eran en su mayor parte hombres, y sabemos que el primer trato con los nativos fue bueno.
De tal forma que ha llegado a llamarse por los mismos europeos como “el paraíso de Mahoma”.
¿Pero que pasaba con aquellos niños nacidos de esta cruza? (Madre aborigen con Padre europeo) valla uno a saber como ha sido el trato, de todos modos, en todas partes se cuecen habas.
Recordemos que: según el ingeniero francés Alfredo Ebelot en los datos tomados en su viaje por estos pagos a mediado del 1800 nos cuenta en su libro La Pampa : “Y ¡miren un poco cuántas complicaciones de besos furtivos y de chanzas inesperadas ocurren en los fenómenos de la creación de una raza! El tal cacique no era de sangre pura; su padre fue un francés quien habiéndose ganado la simpatía del cacique anterior, había solicitado y conseguido la más bonita de sus mujeres.”
Dice Samuel Haigh en Bosquejos de Buenos Aires, Chile y Perú en 1818 refiriéndose a los malones de indios: “Matan todos los hombres, viejas y niños, y se llevan consigo las jóvenes que tienen la suerte de agradar a su fantasía,(...)”.
Según Acarette en su libro Viaje al Río de La Plata y al Perú en sus dos viajes 1657 – 1659 y 1660 – 1663.
“Los negros provienen de la Guinea; los mulatos son hijos de un español con una negra; los mestizos son nacidos de un español y una india; los zambos de un indio y una mestiza: todos se pueden distinguir por su color y sus cabellos.” (...) “De esta suerte, los españoles, los portugueses y sus hijos (entre los cuales los nacidos en el país son llamados criollos, para distinguirlos de los nativos de España) y algunos mestizos, forman la milicia, ...”.
Concolorcorvo o sea: (Calixto Bustamante Carlos Inca) en El Lazarillo de ciegos caminantes en 1773 hace mención de mestizos en el “RESUMEN DEL NÚMERO DE ALMAS QUE EXISTÍAN” en el año 1770 en la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de Buenos Aires nos cuenta que: “también hay 8 compañías de indios y mestizos, de a 50 hombres, ídem.”
Cuenta Yuyú Guzman (Nedy Beatriz Guzman de Toscano) en su libro Estancias de Azul que según Alfredo Vitón en “El Río de sangre” que son las memorias de los primeros pobladores de San Serapio Mártir del Arroyo Azul (Estancia San Luis) aclara : “E indica que no puede referirse al campo legendario de antaño, sin mencionarse a las antiguas peonadas.” (...)

“Estos peones aindiados, cruza de blanco con indio, eran domadores, peones de arreos y de tropas, peones de campo, de a caballo, y llegaron a ser buenos puesteros,” (...).
Emeric Essex Vidal en Ilustraciones Pintorescas de Buenos Aires y Montevideo en 1819 sostiene: “Por lo general, estos pastores son robustos y sanos, especialmente los mestizos, o sea los hijos de españoles e indios. Nunca se les oye exhalar ni la más mínima queja cuando estan enfermos, ni aun cuando sufren los más horribles dolores”.
Así se refiere Ventura R. Lynch en Folklore Bonaerense 1806 – 1831: “Este gaucho, que puede decirse el descendiente de dos razas, la blanca y la cobriza, sentía correr por sus venas la ardiente sangre de los andaluces y la belicosa de los querandíes. (...) Valiente, atrevido y generoso, sacrificaba en aras de su lealtad hasta sus más sagradas afecciones”.
Mario A. López Osornio en su libro Viviendas en La Pampa manifiesta: “El gaucho constituyó un ente especial dentro de la etnografía americana. Hijo de españoles e indios heredó de ambas corrientes distintas características mejoradas en el mestizaje. Fue audaz, valiente y despierto. Su imaginación fue tan activa como flexible fue su cuerpo adaptado al medio. No tuvo vinculaciones con sus ascendientes genealógicos”.
Cuenta Alejandro Magariños Cervantes en Estudios históricos, políticos y sociales sobre el Río de la Plata en 1854: “el gaucho reúne en su carácter mucho de la energía independiente de la raza guaraní, y mucho de la fortaleza de hierro y extraordinario valor de los primeros conquistadores.”.
Roberto B. Cunninghame Graham en El Río de La Plata 1870 nos relata las charlas de fogón: “Los hombres que en estos decires se entretenían eran por lo general altos, cenceños y nervudos, con no pequeña dosis de sangre india en sus enjutos y musculosos cuerpos.”
Afirma Martiniano Leguizamón en su libro póstumo, La cuna del gaucho en 1939: (...), el gaucho en que se mezcló la sangre ardorosa del español con la brava del indio, supo domar su fiereza salvaje con la boleadora y con la daga de hoja toledana que el conquistador trajo pendiente del cinto, (...) .
Según Pablo Emilio Pizarro de su libro Afirmación Gaucha en 1943: “Entendemos, por eso, que los rasgos señalados del “Gaucho” pueden derivarse, pero sólo en parte, de la herencia puramente biológica o de la sangre, por medio de la cual el caudal y el vigor instintivo, la resistencia, la sobriedad y la especial riqueza vital impulsiva de la sangre india y española se trasmitieran acopladas,”.
Dice Hugo Chumbita en un artículo publicado en “El Federal” 5/5/06 “Manuel Belgrano, por la rama materna, y Juan Manuel de Rosas por ambas ramas, descendían de los hijos de madres guaraníes que trajo Garay desde Asunción para refundar Buenos Aires.”
Y de Don Atahualpa Yupanqui traemos la cuarta estrofa de “El payador perseguido”:

Eso lo llevo en la sangre
dende mi tartarabuelo.
Gente de pata en el suelo
fueron mis antepasados,
criollos de cuatro provincias
y con indios misturaos.

Y ahora si, se pueden imaginar, yo soy de apellido Cuenca, y cuando suena un paso doble, se me van las patas. Pero si reviso la memoria, cuando yo era niño, mientras esperaba sentado a que mi madre trajera la comida, golpeaba con los dedos índice sobre la mesa, un ritmo que nadie me había enseñado, y que curioso con el tiempo descubro que ese ritmo era loncomeo.

Néstor Cuenca
…………………………………………………………………nestor-cuenca.blogspot.com

Julio Espinosa cantando su "Vidala para mi sombra" (Sublime)


Julio Santos Espinosa

Envío del doctor José Antonio Gutiérrez desde Salta. Miércoles 06-05-2009. Recopilación de NIDIA ORBEA ÁLVAREZ DE FONTANINI nidiaorbea@hotmail.comSEPA (Servicio de Educación Por el Arte) contacto@sepaargentina.com.ar 

Les hago llegar este artículo que escribieran del amigo, músico, escritor, carpintero y buen amigo, aún conservo una mesa frailera, y los bancos que uso en mi comedor, no sabía música pero alguien de sus amistades, le escribía, mientras el tarareaba. Muy joven ya había escrito la vidala que lo llevó “al estrellato” y viajó a Bs. As. Lamentablemente regresó enfermo y fue su Sra. la que me pidió que lo hiciera atender con algún médico que lo sacara del vicio, lo internaron en el hospital pero el vicio lo llevaba a abandonar el hospital y terminó sus días en el neurosiquiátrico. En una oportunidad llegó Atahualpa Yupanky a Salta y lo invitaron a un asado que un grupo de amigos hacía los viernes, allí estaba Julio, y Yupanky no sabía, de sobremesa el interprete sacó su guitarra y entre las canciones, tocó la vidala, más o menos recuerdo que dijo que él únicamente interpretaba canciones de su autoría pero que esa vidala la tenía incluida en su repertorio. 
Les saludo José Antonio

Es las páginas ARGENTINA – Pueblo a Pueblo II, publicaron varias notas elaboradas por el doctor José Antonio Gutiérrez y entre ellas, una titulada Centenaria Institución Salteña refiriéndose a obras del Centro Argentino de Socorros Mutuos y destacando que el 24 de junio de 1917 fue inaugurada “la Biblioteca Popular: ‘Gral. Bartolomé Mitre’, cubriendo una necesidad barrial”. Destacó luego: “En los años que visitaba el Centro, a esta biblioteca concurrían lectores como Julio Espinosa (autor de Vidala para mi sombra), Jacobo Regen (joven escritor salteño), José Ríos (ocupó la presidencia del Centro y es autor de numerosas letras folklóricas) y no puedo dejar de lado a un ilustre vecino: el ‘Barba’ Manuel J. Castilla.” 

* * * * * * * * * * *

Julio Santos Espinosa: 63 años de profecías y misterio.  Por Jaro Godoy. *

Julio Santos Espinosa (1º de noviembre de 1928-2 de julio de 1989) nació en Salta, cuando un noviembre encendido, se queda para alumbrar el nacimiento de quien seria el hijo predilecto de las musas del territorio salteño, aunque la vida injusta se encargo de sembrar las semillas del olvido, sobre la árida tierra de muchos de sus comprovincianos, las alas inmortales de sus poemas y canciones redimieron tanto olvido y se quedaron para siempre habitando el inconsciente de su gente, aún hoy muchos silban sus canciones sin saber muy bien quien fue su autor.

“Y dónde otro país para esta sombra que los muros y la propia tierra, viniendo conmigo con las lámparas indecisas de la infancia y los corredores de la casa vieja, arrinconarse junto a mí sin preguntarme nunca, cuánto dura este tiempo de estar oyendo los relojes que ensayan el rumbo de mi sombra hasta la última muerte”.

El primer soplo de sombra helada penetra en su alma y bebe de ellas como el elixir que le daría por siempre una nueva vida marcada por las fronteras de los caminos espirituales.

La sangre azul de la poesía corría por sus venas, alimentando su alma de arcanos misterios y sondeaba el corazón de la noche como su propio dueño.

Donde las sombras se rebelan y el olvido tiembla con alas nuevas, donde se esconden las almas y se renuevan los profetas, en el pasaje de sombras con olor a madera nueva, fue gestando una vida que marcaría por siempre sus 63 años de profecías y misterio. 

Nace en Salta un olvidado 1º de noviembre, de chico pasa sus días, mirando el lento transcurrir de los hijos de Güemes, va forjando su porvenir entre el olor nuevo del papel y las letras, apuntalando los maderos que sustentarían al gran poeta que empezaba a despuntar mediante escritos que luego se perderían en el humo del tiempo.

Sus siestas pasan en un conventillo de la calle Alvarado al 200, recuerdos que plasmara años mas tarde en el libro “El hombre de barro”, donde reina la felicidad de sus primeros años. 

Escribió mucho y se mostró poco, quedan las cenizas de algunos de sus temas, hay otros que trascendieron más allá de las fronteras imaginables, “Pollera de septiembre”, “Anillo de humo”, “Pañuelo de amor”, “Tata Iguazú” (canción Litoraleña) y “Canción para Federico”, sin olvidar su tema más logrado, un tema que mezcla la metafísica, a mitología que ronda las costumbres de un pueblo y que se desliza en sus letras un dejo de pudor típico de gente de alas elevadas. 

“A veces sigo a mi sombra a veces viene detrás pobrecita si me muero con quién va a andar. No es que se vuelque mi vino, lo derramo de intención mi sombra bebe y la vida es de los dos.”

Sumido en la pobreza aprendió de joven el arte de trabajar la madera, cincelaba el espíritu del tronco con la ardiente paciencia de quien acaricia una bella poesía, sus entradas y salidas del hospital empezaron su danza macabra, ya el diablo del vino se mezclaba entre los burdeles paganos que ardían en su cabeza, el libro de la noche abría sus hojas para bordar su nombre en luciérnagas de tristes colores. 

* Jaro Godoy nació el 27 de julio de 1968 en Mar del Plata (General Pueyrredón, provincia de Buenos Aires). Poeta, periodista y escritor. Dedicado a estudios sobre Folklore y Literatura Salteña. Invitado en distintas circunstancias para referirse a la vida y obra de Manuel J. Castilla, Gustavo Leguizamón, Juan Carlos Dávalos, Julio Santos Espinosa… Publicó su primer libro El lenguaje del viento en enero de 1995, al año siguiente Poemas amarillos; Rituales de amor (1998), La Espada del silencio (2003). Sus obras fueron publicadas en revistas, diarios y antologías; algunas fueron traducidas al inglés y al portugués e incluidas en Antologías. Miembro de la SADE Atlántica (Sociedad Argentina de Escritores) e integrante de Comisión Directiva. Conductor del programa radial América en Movimiento desde Salta 21 (FM Noticias, 88.1). Reflexivo ante sucesivas modificaciones en las expresiones folklóricas del noroeste argentino. Oportuno y coherente, al señalar las características de algunos grupos que generan evidentes discriminaciones en el contexto cultural argentino. 

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Anécdotas

Dicen que cuando compuso su “vidala para mi sombra” a los veintisiete años ya miraba de otra manera, ya sé perdía buscando aquel horizonte fantástico donde bailan desnudas las vírgenes de la poesía.

Que Juan Carlos Dávalos le dijo en el año 55 que la vidala estaba predestinada por desconocidos designios ha convertirse en popularmente universal, y así sería nomás, ya que según los registros no tan precisos de Sadaic, la vidala de Espinosa como la llaman algunos es el segundo tema Argentino más grabado ya que arriba está “La cumparsita” y sigue de cerca “El día que me quieras”. 

Que él no se la dio a Atahualpa Yupanqui contradiciendo en esto el rumor popular y que cuando la escucho por éste solo atino a decir que no lo convencía del todo la interpretación.

Dicen que su eterno romance con la muerte lo llevo de mano en mano de canción en canción, “Todas mis canciones tienen una señal muy triste, siempre terminan en muerte”. Dicen que Castilla solía corregirle los versos entre vino y vino, y la eterna broma que se repetía, “Este Julito se no va para arriba en cualquier momento”.

Casi todo artista folklórico hizo uso y abuso de tan delicado tema y esto se expandió al rock nacional multiplicando las grabaciones y se sumaron artistas internacionales que pusieron sus voces en esta vidala, algunos con más acercamiento espiritual que otros. 

La sombra final

No podía ser de otra manera, tenía que irse en las alas del mismo silencio que lo vio llegar, acobardado por el aire enrarecido del hospital Christofredo Jacob que espantaban las musas de este inigualable creador Salteño, sabía de la música que le gusta a la muerte, sabía de su indiferente impaciencia, sabía que la poesía nunca termina en olvido, cruza los puentes reinventándose cada día, en un silbido de gorrión o en la plaza donde muere un beso apasionado, será por eso que cuando murió se paralizaron las diosas y en delicada armonía despidieron al cantor del pueblo. 

Como un Orfeo de cristal nuestro poeta supo desviar los cursos naturales de las palabras y llevarlas hasta el altar mismo de la belleza, descifro el canto encendido de las sirenas y comando la gran caravana de antorchas dispuestas al hechizo.

Espíritu errante de sublime alas nos dejó como un manto divino el mantra sagrado de su pluma, de sus palabras quebradas, esa fibra invisible que nos ensambla a la danza nocturna de los ángeles... 

Dicen que cuando murió, aquella tarde apurada, en Salta aparecían las primeras estrellas, y en la televisión empezaba “División Miami” cita obligatoria para muchos Salteños ya que era el único canal que contaban y como Dios ya lo había acomodado muy cerca suyo, quiso darle la justa despedida que merecía tan alto poeta, en aquel viejo capítulo de la serie al entrar en un burdel los protagonistas conversan con el soplón de turno, mientras atrás de ellos, siete mariachis entonan la “Vidala para mi sombra” de Julio Santo Espinosa, el poeta dejaba su tierra entre vítores y alabanzas mientras su sombra se dormía para siempre en el lento ritual de un doloroso adiós.

Noches blancas, astillándose, contra la sangre del horizonte de un vino, de aquel vino fantasmal que se apoderó de todas las sombras, mientras la tinta de su alma, lloraba en silencio por una melodía desconfiada que no volvería a ver, el tímido corazón de una guitarra, que callaba para siempre, dormida en la letanía de un ardido poeta. 

Y tal vez deseas quedarte y no me quieras seguir pero, a quién has de arrimarte ¡me tienes tan sólo a mí! Achatadita y callada dónde podrás encontrar una sombra compañera que sufra igual. Sombrita cuidame mucho lo que tengas que dejar cuando me moje hasta adentro la oscuridad”.

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Vidala para mi sombra

Por Julio Santos Espinosa (Salta, 1928-1989)

A veces sigo mi sombra
a veces viene detrás
pobrecita si me muero
con quien va a andar.

Achatadita y callada
donde podrás encontrar
una sombra compañera
que siga igual.

A veces sigo mi sombra
a veces viene detrás
pobrecita si me muero
con quien va a andar.

No es que se vuelque mi vino
lo derramo de intención
mi sombra bebe y la vida
es de los dos.

Sombrita cuidame mucho
lo que tenga que dejar
cuando me moje hasta adentro
la oscuridad.

A veces sigo mi sombra
a veces viene detrás
pobrecita si me muero
con quien va a andar

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“Pañuelo de amor”

Zamba – Por Julio Santos Espinosa.

Prendido de una traba
tu pañuelito secándose
me llamaba diciendo
me duele mucho, despréndeme.
Que tendrá tu pañuelo
niña de Salta, que yo no sé
si está el tuyo y el mío
tan empapados de padecer.

No quiero que lo traigas
cuando me vengas a despedir
soy como tu pañuelo
viendo tu llanto no he de partir.

Palomita trampeada
tu pañuelito volando fue
andate palomita
nuestro cariño no puede ser.
No sé si en tu pañuelo
mi llanto de hombre pueda caber
cuanto llanto que cabe
en el pañuelo de una mujer.

No quiero que lo traigas
cuando me vengas a despedir
soy como tu pañuelo
viendo tu llanto no he de partir.

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“Julio Espinosa en el recuerdo”  Por Luis Andolfi *

Para recordar a Julio Espinosa no hace falta preguntar cómo era. Su imagen está en el aire y en las cosas de la ciudad, en su música y en sus coplas. Está en las noches y en las madrugadas, en el perfume de las maderas que habitaban su taller.

Espinosa le cantó a todo lo que existe, y creó formas para que los demás hombres cantaran con él.

Cuando la ciudad era una aldea (ayer, no más), Julio la recorría con su guitarra y con su bohemia, y se demoraba en sus esquinas y bares asiendo fantasmas y decires del pueblo.

Fue compositor, poeta y cantor, y nos legó obras inolvidables como “Pañuelo de amor”, “Pollera de septiembre”, “Anillo de humo”, “Pollerita colorada”, y muchas más, hasta llegar a la cima: “Vidala para mi sombra”, genuina e insoslayable expresión de sus días, anticipado duelo amoroso.

Dije alguna vez, a poco de morir el artista, que “Vidala para mi sombra” tenía destino propio. Mientras su autor permanecía en la pobreza, casi anónimo, solo y enfermo, la vidala alcanzó el reconocimiento internacional.

Grandes músicos, como Eduardo Falú y Atahualpa Yupanqui la interpretaron, floreándose. También fue elegida como fondo de películas estadounidenses, y era asunto de estudio en universidades europeas.

Julio Espinosa, además, incursionó en la narrativa. Y dejó un volumen de cuentos, “El hombre de barro”, como un juego más de sus inquietudes.

En la copla -esa herencia española que tan hondo enraizó entre nosotros-, Espinosa halló espacio para su vuelo. 

Ese hombrazo que fue, de modales finos y pausados, se ganaba la vida (aunque la vida le ganó al final), construyendo pupitres, bibliotecas, camas, sillas y ventanas. Y en su taller, que muchas veces quedaba abandonado, solía descubrirnos los duendes de su espíritu entre los juguetes que imaginaba para sus hijos, mientras su guitarra aguardaba, paciente y confiada, su regreso.

Y al cabo, Julio se consumió en soledad y en olvido, en la sed que le imponían los que tantas veces bebieron su vino, en la ingratitud de los que él alegró siempre.

Una tarde de julio de 1989 calló su canto, mientras las cosas y seres de sus sueños se esfumaban entre las cenizas de una carpintería que había muerto mucho antes.

* Luis Andolfi, nació en Salta en 1939. Dirigió el Suplemento Literario del diario “El Intransigente” de Salta. Editorialista y autor de notas literarias, semblanzas de artistas y destacadas personalidades salteñas. Título de obras publicadas: Canciones a Rosalía - El pan que se ha caído - Oda al ocio - Del agua oscura remotamente clara- Antología El agua que más vale. Seleccionado su cuento La aventura, incluido en el libro “Cuentos Semana de Salta”. (Información en el Portal Informativo de Salta.)

LA PRIMERA REFLEXIÖN PARA EL 2013.



LA PRIMERA REFLEXIÖN PARA EL 2013.

Ayer y como es habitual desde hace ya años, nos reunimos un grupo de amigos a charlar un rato sobre la vida, que por supuesto incluye las nuestras.
El grupo es sumamente heterogéneo, tanto en edades, como en ocupaciones, niveles sociales, económicos y culturales, pero eso no tiene la menor importancia, en “nuestra reunión” habitual, “La libertad es libre” como dice un filósofo amigo mío y todo el mundo tiene derecho a opinar. ¡Y allí está lo lindo!
En esas reuniones se puede hablar de Maradona, Messi, el alza de los precios, el rumbo del gobierno o el último video “hot” que se conoció de una ignota que irrumpió en la tele. “En la variedad está el gusto”…decía otro amigo mío y tomaba mate con trozos de morcilla.
Ayer, la conversación marchó para el año que dejábamos y el que recibíamos.
De pronto alguien largó un comentario sobre la vigencia que aun tiene, pese a recorrer hace ya más de una década el siglo XXI, el tango de Enrique Santos Discépolo, “Cambalache”.
Se comenzaron, de memoria a recorrer sus versos y como ocurre con aquellas canciones que son aprendidas por tanto escucharlas, había, entre los integrantes del momento, distintas versiones y llegó el momento que entonces ciertas frases no tenían el sentido que el poeta les había querido imprimir.
Como mi casa quedaba cerca, me vine a buscar un libro que atesoro en mi biblioteca con letras de tangos viejos y lo llevé a la reunión, recordando esa frase que popularizó el Ñato Desiderio: “Agarrá lo libro que no muerden”.
A partir de allí se fueron leyendo, estrofa por estrofa, con comentarios algunos jocosos, otros como para masticarlos y algunos directamente para el olvido.
Hasta se llegó a cambiar los personajes de la época que nombra Discépolo en su tango, por algunos de más actualidad.
Si parecía estar escrito ayer.
Para quienes no tengan presente la letra, aquí se las paso completa:

“Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé.
En el quinientos seis y en el dos mil, también.
Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos, barones y dublés.
Pero que el siglo veinte es un despliegue
de maldá insolente, ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo
todos manoseados.
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador...
¡Todo es igual! ¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón, los ignorantes nos han igualao.
Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura, colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón.
¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!
Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón...
Mezclao con Stravisky va Don Bosco y La Mignon,
Don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache ves llorar la Biblia junto a un calefón.
Siglo veinte, cambalache problemático y febril...
El que no llora no mama y el que no afana es un gil.
¡Dale, nomás...! ¡Dale, que va...!
¡Que allá en el Horno nos vamo’a encontrar...!
No pienses más; sentate a un lao, que ha nadie importa si naciste honrao...
Es lo mismo el que labura noche y día como un buey,
que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley...”

El asunto marchaba, pero de pronto se llegó a esa frase que dice: “Y herida por un sable sin remache ves llorar la Biblia, junto a un calefón”… ¿Qué quería decir? ¿Qué significaba?
Yo lo sabía, mi padre que era un tanguero me lo había explicado.
En la época que se escribió este tango recién se ponían en las casas más pudientes los baños instalados, reemplazando a las “lejanas” letrinas y a las bacinillas, escupideras o tazas de noche, como se las llamaban, escondidas en la parte inferior de las mesas de luz.

En los baños, claro, si había una ducha era necesario calentar el agua, así al lado de la ducha se instalaba un"Calefón".
Sin embargo, el papel higiénico tardo en obtener su carta de ciudadanía para poder trabajar en limpio en estas sucias tierras y aun cuando apareció era bastante caro y no estaba al alcance de todas las familias, las cuales se veían obligadas a utilizar para esos fines sanitarios el vulgar papel de diario o, en su defecto cualquier otro.
Por supuesto, eran muy estimados los papeles mas sedosos, así que los sufridos usuarios trataban de conseguir en las verdulerías y fruterías los papeles con los que venían envueltas las manzanas y otros productos del campo.
Otro muy apreciado era llamado el "papel Biblia", por ser esta especialmente delgado y suave.
Ahora bien, ya por entonces existía la Sociedad Bíblica, una de cuyas misiones parece ser la de difundir la Biblia Protestante, para lo cual regalaba ejemplares del sagrado libro, en la actualidad lo sigue haciendo.
Pues muchos de los habitantes de Buenos Aires deben de haber parecido devotos creyentes, ya que aceptaban de continuo esas "gentilezas", y que siendo mayoria la grey católica, lo mismo pasaban y retiraban la Biblia protestante tantas veces como sabían que la Sociedad las tenia en obsequio en las calles, plazas o en su sede central.
Sin embargo, cuentan los hombres dignos de fe (aunque Ala sabe mas) que quienes obtenían esas Biblias, les perforaban una tapa y las colgaban en un gancho de alambre, (llamado "sable sin remache") al lado del calefón, cerca del retrete, e iban arrancando las suaves hojas para usarlas como papel higiénico.

Así se escribe la historia.

TAMALES SALTEÑOS


Muy fresco día en la ciudad de Salta , una opción interesante para el almuerzo de este día : Tamales . a continuación les enseñamos a preparar la Harina de Maiz y el Tamal. Que lo disfruten

TAMALES SALTEÑOS

Preparación de la harina de maíz

Disponer de un recipiente para colocar 4 lts. de agua , hacer hervir y agregar 1 kg de cenizas. Pasar la mezcla por un colador al agua obtenida, una vez que ha hervido, se le añade el maíz capia. Dejar hervir siempre mezclando. Se ¡aya con agua caliente . Dejar en remojo dos días, cambiando siempre agua tibia, dos veces al día. Secar y moler.

Ingredientes:

2 kg. de harina de maíz

1 cabeza de cerdo o de vaca, o una lengua,
o 1 kilo de charqui tizado.
1/2 kg. de grasa pella
3 plantas de cebolla verde
8 huevos
Pasas de uva, sal, comino, ají (si se desea), caldo, chalas secas.

Preparación:

Paso previo:

Pasta de maíz (masa): lavar perfectamente y cocinar en abundante agua con sal, la cabeza de vaca o de cerdo. Una vez cocida, retirar, dejar enfriar y picar muy fino. Reservar el agua de cocción.

Mojar la harina de maíz en el caldo donde se hirvió la cabeza (de cerdo o vaca). En una olla colocar ¼ kg. de grasa derretida, sal, comino; agregar la harina de maíz y mezclar hasta formar una pasta consistente.

Picadillo de relleno. En una cacerola colocar 1/4 kilo de grasa, hasta que derrita, agregar cebolla finamente picada, sal, comino, ají, (a gusto) y el caldo; hervir por 5' revolviendo la preparación continuamente, retirar del fuego y dejar enfriar. Agregar los huevos picados y las pasas de uva.

Mojar en agua hirviendo las chalas (secas) de choclo. Tomar de a una y colocar un poco de pasta, al centro el picadillo de relleno y cerrar, atando la chala.

Hervir los tamales en caldo o en agua con sal, durante media hora aproximadamente.