domingo, 9 de septiembre de 2012

LOS 4 DE CÓRDOBA

LA GENEALOGÍA DE “LOS  4    DE   CÓRDOBA"”

  
Destacados exponentes de la música argentina  de raíz  folklórica , “Los 4 de Córdoba” han mantenido plena vigencia desde su fundación en 1968 hasta nuestros dias.
Con base en un  artículo publicado en la Revista “LOS GRANDES DEL FOLKLORE”,  N° 25 páginas 6 a 30 y realizado por la Periodista Marta Bruno  me atreví a construir un resumen de la vida artística de sus integrantes, dándole el título de “Genealogía de Los 4 de Córdoba”.
Además de su interés informativo, sirva este boceto para  expresar un cálido reconocimiento a sus integrantes. De entre  ellos,   mantengo una  excelente relación de amistad con “Lalo Márquez” quien ya retirado definitivamente del grupo por un estado de salud incompatible con el trajinar de los escenarios, vive dedicado plenamente a su otra gran pasión, la pintura  produciendo obras de calidad y formando con sus enseñanzas nuevas generaciones. 
LOS 4 DE CÓRDOBA 
INTEGRANTES DEL GRUPO:
EDUARDO “Lalo” MÁRQUEZ
HÉCTOR “Choya”  PACHECO
VÍCTOR HUGO MANSILLA GODOY
HÉCTOR ALBORNOZ 
HISTORIA PREVIA DE CADA INTEGRANTE: 
HÉCTOR “Choya”  PACHECO:
Integrante de LOS ZORZALES NORTEÑOS, de allí pasa a LOS DE CÓRDOBA,   que quedó constituido por: OSCAR BOBADILLA, ROQUE MARTÍNEZ, VÍCTOR HUGO MONGES y HÉCTOR PACHECO.  Del grupo salen MARTÍNEZ y lo reemplaza ÁNGEL BUSTAMENTE  y MONGES a quien reemplaza VÍCTOR  JULIO  MANSILLA GODOY. 
VÍCTO HUGO MANSILLA GODOY:
Actuó siempre como SOLISTA  hasta que reemplazó a VICTOR HUGO MONGES en LOS DE CÓRDOBA 
HÉCTOR ALBORNOZ:
Forma parte de LAS VOCES DEL HORIZONTE que se convierten después en LOS ROMÁNTICOS DE CÓRDOBA.  Cuando ANGEL BUSTAMENTE, VÍCTOR HUGO MANSILLA GODOY y HÉCTOR PACHECO se desmembran de LOS DE CÓRDOBA, llaman  a ALBORNOZ  y constituyen el grupo  LOS AUTÉNTICOS DE CÓRDOBA.   Graban un 45 r.p.m. y cambian el nombre a LOS  4 DE CÓRDOBA,  por presión de BOBADILLA el dueño del nombre  LOS DE CÓRDOBA. 
EDUARDO “Lalo” MÁRQUEZ:
Junto son su hermano CARLOS, HÉCTOR ALBORNOZ y JUAN TOLEDO, integran  LAS VOCES DEL HORIZONTE.  Los contrata la RCA  Argentina (EDUARDO FARREL Director artístico), cambian el nombre por LOS ROMÁNTICOS DE CÓRDOBA.  Sale CARLOS MÁRQUEZ e ingresa  ALBERTO DONOSO y hacen una única grabación, el LP  CIELO GRIS.
ANGEL BUSTAMENTE decide retirarse de LOS 4 DE CÓRDOBA y  LALO MÁRQUEZ ingresa al conjunto. 
CAMBIOS TEMPORALES  EN LOS 4  DE CÓRDOBA:
ALBORNOZ ha salido dos (2) veces, en una lo reemplazó  CACHO OCAMPO  y en la otra, JULIO SOSA (nada que ver con el cantor de Tangos)
MÁRQUEZ se retiró durante cuatro (4) años y fue reemplazado por ENRIQUE CORIA y luego por HÉCTOR CASATARO. 
RESUMEN: 
LOS ZORZALES  NORTEÑOS                           PACHECO                               LOS DE CORDOBA

  
                                         SOLISTA                                GODOY 
                                                                                  
                                             ALBORNOZ                                         LOS 4 DE CORDOBA
 

                                                                                                                                                   LALO  MARQUEZ
 

             LAS VOCES DEL HORIZONTE                                      LOS ROMÁNTICOS DE  CÓRDOBA
 
Retiro Definitivo de Eduardo “ Lalo”  Márquez.
La separación definitiva de Lalo Márquez se produce a raíz del infarto que se le presenta el 14 de marzo de 2005, estando en el escenario en Pehuajó, Provincia de Buenos Aires.  “Lalo, ya no andaba bien desde hjace tres (3) días, aunque el sábado anterior, se llama a un médico a su casa y este galeno le diagnostica “un problema en las cervicales”. Era el domingo - ya empezado el lunes, en realidad - a la 1 de la mañana, ellos estaban actuando ante unas 20.000 personas y después del 2º tema fué cuando Lalo se tuvo que bajar, y de ahí si, lo llevaron a la Clínica del Oeste en Pehuajó, adonde ingresó con solo 25 pulsaciones por minuto. Recién a las 8 de la mañana lo pudieron compensar como para que lo traiga un avión-ambulancia hasta Buenos Aires y del aeroparque a la Fundación Favaloro donde a las 14 hs. le pusieron un "sten" que lo sacó del infarto ¡después de 13 horas infartado!. Según los médicos sobrevivió porque no se quedó dormido (pese a que estaba más que fundido) y la peleó todo el tiempo”. (Testimonio de Marta Bruno, la esposa de Lalo).
Cuenta el cantor Mario Altamirano, que momentos antes lo había observado y le comentó que NO LO VEÍA BIEN.  Pero Lalo, cumpliendo con su grupo y el público, no participó nada y lo deben separar en plena presentación para ser trasladado de urgencia a una clínica de la localidad, de allí al otro día lo internan en la Clínica Favaloro, de donde (luego de un fuerte tratamiento), sale totalmente restablecido.
El día 6 de abril de 2005, le participa a sus compañeros de más de 40 años, que se retira de manera definitiva. Es reemplazado por LIONEL PACHECO, hijo de Choya Pacheco.
El acto de despedida se realizó en ATC Canal 7, en el mes de mayo o de junio.
En estos meses de retiro de Lalo, se han reencontrado. Las veces que se han presentado en Buenos Aires, Los 4 de Córdoba, ha sido invitado al escenario para acompañarlos.  Cuando Lalo (Eduardo "Lalo" Márquez) hizo una muestra de pintura en Bocarte (la galería del club Boca Juniors) fueron Los 4 con Lionel y en varios momentos actuaron "Los 5 de Córdoba" porque a los 4 se sumó Lalo.
Tal como señalo al principio, ahora Lalo se dedica con la misma pasión que lo hizo durante muy buena parte de su vida, a la enseñanza de la pintura. Tiene un buen número de alumnos, algunos de  los cuales, tendrán un gran futuro como pintores. Ha asumido con mucha entereza y entusiasmo su retiro del grupo. Sigue manteniendo las relaciones estrechas de amistad con todos ellos y no hay semana sin que se comuniquen.
Este es un recuento muy sucinto de la vida de estos 4 que nos han deleitado con la bella música que hacen. Para mi es resarcir el descuido que durante años tuve con una serie de conjuntos, en especial LOS 4 DE CÓRDOBA, algo que internalicé, cuando una tarde el  Cosquín de 2001, casa de Daniel Altamirano, luego de varias tardes compartiendo con Lalo y, Daniel, Mariel y Marta, Lalo me dice “Hablás mucho de Los Fronterizos, de Los Quilla, de Los Chalcha, de Los Altamirano, pero... nada de Los 4 de Córdoba”. Desde ese momento (aunque ya teníamos unos cuantos discos de ellos), nos dedicamos Mario y yo, a hacer el recuento de su vida artística y a coleccionar con acuciosidad toda su producción discográfica. Desde ese año del Cosquín, he tenido el privilegio de contar con la amistad de esa pareja Lalo y Marta, de manera que para ellos gracias por estar siempre para nosotros.
Por: Nancy Sánchez Moncada

HISTORIA DE "LOS DE CORDOBA"

HISTORIA DE "LOS DE CORDOBA"
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En el verano de 1961-62, en el establecimiento "Arco Iris" de Río Ceballos nace el conjunto folklórico "Los de Córdoba". Durante una reunión de la que participan un grupo de amigos, Oscar Bobadilla, Angel Bustamante, Rugo Monjes,Nolo Merchan y Juan Carlos Zaraik Goulu, este último autor de conocidas obras de nuestro arte nativo, tales como "La recordada", "La Peñaloza", "Niña dormida", "Noche y camino", "El domador" y "Estrella Federal", surge la idea de integrar un conjunto que, sin apartarse de la línea estrictamente folklórica, vuelque en el canto una nueva personalidad que sea reflejo del sentir cordobés.
Búsqueda paciente de un repertorio apropiado y empeñosos ensayos, dan como resultado a "Los de Córdoba", conjunto que de inmediato despierta el interés de los conocedores, ganando asimismo el favor popular por su estilo bien diferente de lo que se ha conocido hasta el momento.
Actuaciones radiales en programas muy importantes, presentaciones en el teatro Rivera Indarte y frecuentes giras por el interior de la provincia, los convierte rápidamente en una atracción artística de primer plano en la docta.
A mediados de 1962 llegan a Buenos Aires y de inmediato son contratados por Music-Rall, encomendándoseles la grabación de las canciones que integran el presente long-play, al tiempo que realizan presentaciones en el programa "La Pulpería de Mandinga" en Canal 9 y en Radio Belgrano.


UN VALIOSO TESTIMONIO
Cuando el hombre de campo de nuestra provincia, después de la tarea diaria, se entrega al descanso, encuentra en el canto y en la guitarra el eco de su sensibilidad inquieta.
Allí en sus versos habla de la esperanza de la cosecha. Le cuenta a la noche sus nostalgias de enamorado, bebe el silencio que cae desde las sierras, o capta de la naturaleza ese mensaje secreto que se escucha en la voz del río y que se hace espuma en el oído de la piedra.
Asimilar todo ese componente de vida y entregado en el canto, es simplemente lo que ha logrado este conjunto, que con el nombre de "Los de Córdoba" y bajo la dirección de Zaraik Goulu, han conmovido el sentir provinciano e indudablemente
lo harán con el nacional.
Considerando que los que ocupamos cargos directivos en la difusión radial, debemos alentar la expansión espiritual argentina, es para mí profunda satisfacción saludar desde la contra tapa de este long-play, a quienes saben dar vida a la suavidad y color de nuestra provincia, con su cántico personal y sus voces plenas de matices auténticos.

DARIO MARTELL
Jefe de programas de LV3 Radio Córdoba

CONTRATACIONES LOS DE CORDOBA en FOLKLORE CORDOBES


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viernes, 7 de septiembre de 2012

¡ ESTOS BENDITOS REFRANES!

¡ ESTOS BENDITOS REFRANES!
Disquisiciones, contrasentidos y origen de algunos refranes.

A los refranes o dichos criollos, podemos decir que los usamos permanentemente y en todos los niveles económicos y culturales y que esta arraigada costumbre, tiene, si nos ponemos a analizar profundamente, mas “tela para cortar que fábrica de pañuelos”...
Debemos aclarar también que no es lo mismo refrán que dicho. Un refrán, de un origen muy anterior al dicho criollo, es una sentencia y que por lo general nos deja una enseñanza: “El que mucho abarca, poco aprieta”, el dicho criollo es una comparación cuasi cómica de una situación o descripción: “A los saltos como enano bajando higos”.
Los hay de todo tipo y para todos los gustos, hay refranes antiguos: “Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña”; modernos: “De gusto como bocina de avión”; con algo de xenofobia: “Los ojos chiquitos como japonés con gripe”; optimistas: “Siempre que llovió, paró”; pesimistas: “Si algo puede salir mal, porque va a salir bien” (este usado luego por el conocido Murphy como una de sus leyes); agoreros: “No hay dos sin tres” y así podríamos seguir catalogándolos.
Pero tienen una cosa más rara aun, hay refranes o dichos que suenan a incompletos: “Perro que ladra no muerde... si la cadena es corta”; “Entre bueyes no hay cornadas... porque la vaca es del toro”.
Y aún algunos que hasta se contradicen: “Al que madruga, Dios lo ayuda”... “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. 
Para terminar, muchas veces utilizamos refranes que desconocemos su origen, y aun más, algunos de los que creemos conocer de donde provienen y no es así.
Para terminar voy a dar algunos ejemplos:
“Se le fue al humo”
En reiteradas oportunidades hemos escuchado ese dicho criollo que precisamente viene de la época de cargar las armas por la boca y de los encuentros entre el indio y el blanco.
Trabucos, mosquetes y otras armas de fuego, anteriores a la llegada de los Remington utilizaban este sistema de carga y llevaban un tipo de pólvora que además de un fogonazo increíble quedaba, quien lo disparaba, tapado por el humo.
El indio, si no era alcanzado por la perdigonada, rápidamente se dirigía con su caballo al galope y apuntando con su lanza de más de 5 metros, directo a la humareda, sabiendo que detrás estaba un cristiano desesperado cargando nuevamente y se iban al humo, no más.
“Hasta que las velas no ardan”
Este viejo dicho que todos adjudicamos a los bailes que terminan muy tarde, en realidad tiene otro origen. 
Allá por los finales del Siglo XVIII en la ciudad de Buenos Aires el principal lugar de estadía de las carretas, que iban y venían desde todos los puntos del país transportando mercaderías era la Plaza 11 de Setiembre (hoy Plaza Once). Allí cientos de carretas se reunían ya descargando su mercadería o esperando la nueva carga. Si bien muchos carreteros viajaban con sus mujeres, inventores de las primeras casas rodantes, otros, en gran cantidad también, lo hacían solos y habiendo tanto gaucho libre y sin compromiso, no faltaba el vivo que en una de esas carretas hacía trabajar a alguna china en la profesión más vieja del mundo. Como nadie tenía reloj para controlar el tiempo que el cliente pasaba dentro de la carreta, este antepasado de los actuales caficios o proxenetas, como se los quiera llamar, cortaba con su cuchillo velas de tres tamaños diferentes y el cliente subía a la carreta, con la obligación de mantenerla prendida durante su estadía, con la vela del tamaño según el dinero que había puesto y debía bajar cuando ésta se consumía.
Allí se acuñó el famoso refrán o mejor dicho criollo de: hasta que las velas no ardan.
“Quedó en Pampa y la Vía”
Cuantas veces hemos escuchado este refrán refiríéndonos a alguien que ha quedado “en la lona” o que ha perdido todo, ¿ Pero de donde proviene?
En el año 1857 se inauguró en el Bajo Belgrano (zona que hoy se conoce como "Barrio River") el Hipódromo Nacional. 
Sus extensos terrenos incluían la totalidad de lo que hoy es esa zona, inclusive los terrenos en donde hoy se encuentra el club de River Plate (River nacía luego en el 1901, pero en la zona de la Dársena Sud). 
Como parte de un servicio brindado por el mismo hipódromo, cuando los apostadores salían tenían la posibilidad de viajar gratis en un tranvía que los acercaba a Pampa y las vías del actual Ferrocarril Belgrano. 
Como ese viaje gratis en tranvía era realizado por aquellos apostadores que habían perdido hasta el último centavo en las carreras, entonces el lugar donde los dejaba se volvía despreciable, con decenas de personas tratando de rebuscárselas para volver a sus hogares. 
De ahí que esa frase hoy en día se utiliza para querer decir que uno se queda sin dinero, desolado y a la deriva.
“Agarrar para el lado de los tomates” 
Este refrán me costó bastante investigarlo, hasta que en un antiguo libro encontré su origen. Es viejo, muy viejo, tanto es así que ha cambiado en algo su sentido. En realidad este dicho criollo que hoy en día se utiliza para quienes han errado el rumbo, se han equivocado, en realidad se acuñó para indicar cuando alguien se había mandado una cag…, es decir, ha cometido un grueso error. El origen está en las famosas quintas de los suburbios de Buenos Aires que proveían de verdura fresca a la población. En ellas trabajaban los negros esclavos con una remuneración de una quinta parte de lo producido (de allí también el cambio de denominación para el huerto europeo a quinta).
A estos esclavos se los llevaba a la mañana y se los buscaba a la tarde. En la misma quinta debían hacer sus necesidades, por ello cuando alguna necesidad fisiológica se hacía sentir buscaban la zona de mas altura y que le brindaba mayor privacidad, que en un huerto es, precisamente, por la altura de las plantas y el tutorado que necesitan, es el tomatal.
“Mandar alguien al carajo”.
Esta última palabra y que hoy la ubicamos entre las llamadas “malas palabras” en realidad no es así. Recibe ese nombre a esa pequeña canastilla que se encontraba en lo alto del palo mayor de las antiguas naves.
El carajo, dada su ubicación en lo alto del mástil era un lugar inestable donde se manifestaban con mayor intensidad los movimientos del barco. Cuando un marinero cometía una falta se lo mandaba al Carajo en señal de castigo.

Como vieron, en los refranes hay de todo: “como en botica”.

martes, 4 de septiembre de 2012

Los Turcos Mercachifles.


Los Turcos Mercachifles.
Recorriendo los campos en carro, a caballo y hasta a pie, los llamados “turcos mercachifles” se pueden considerar que eran el delívery de esta época.
Eran llamados turcos, pues entraban en el país con pasaportes de esa nacionalidad por pertenecer al Imperio Otomano, pero en realidad la mayoría de ellos eran o sirios o libaneses. 
Con un castellano atravesado, generalmente convertían la “p” en “b”, tenían sin embargo esa habilidad innata para el comercio que traían en sus genes desde los antiguos mercados persas.
En esa época los viajes a las poblaciones se hacían muy esporádicamente y este personaje traía en sus valijas o lienzos todo lo que el hombre de campo necesitaba, desde un almanaque hasta un cuchillo, ropas, tanto de varón como mujer, agua de colonia, carmín, jabones, peines, mates, bombillas, etc.
Conocedores puntuales de la zona elegida para su derrotero arreglaba sus paradas nocturnas generalmente en las grandes estancias donde sabía que contaría con la proverbial hospitalidad gaucha y encontraría buen pasto y agua para sus caballos y un lugar en la cocina de peones para, al lado del fogón, “bolacear” un rato y por qué no jugarse alguna partida de truco o mus.
En cuanto al pago de la mercadería que le compraban, no había problema, si no tenía efectivo el comprador, daba lo mismo cambiarlo por plumas de avestruz, crines de caballo, un fardo de lana, huevos y hasta una jaula con pollos o gallinas que él comercializaría aumentado sus ganancias cuando volviera al pueblo.
Ya de viejos, estos negociantes innatos, se convertirían muchos en grandes acopiadores de frutos del país (lanas, cueros, cerdas y plumas), mientras que otros acabarían sus vidas en mercerías y tiendas ubicadas generalmente en las orillas de los pueblos, siendo reemplazados en los viajes a la campaña por vendedores venidos de las provincia del noroeste (catamarqueños, santiagueños y tucumanos).
Recordando una anécdota escuchada de chico de uno de estos turcos que tenía su recorrido por la zona de Castelli surgieron las siguientes décimas (este personaje cuando llegaba la época de las Fiestas Patrias, 25 de mayo y 9 de julio) llegaba a las escuelas rurales, donde se festejaban con asados, carreras de sortijas y cuadreras y baile, con su carro y sus conocidos caballos, pero agregaba, como cadenero, un rocín , como dijera Cervantes en su don Quijote, lleno de barro, clinudo y con abrojos, pero que debajo de esa pinta escondía sangre de puro de carrera.
Llegado el momento de los desafíos, el turco lo desprendía del carro consiguiendo siempre con argucias alguna ventaja, ganando por “muerte” cualquier carrera que se le presentara.

El Turco Mercachifle

Vos sos “sirio” o “libanés”,
más, por turco, conocido
y tenés clientes y amigos
en el lugar que parés.
Será quizás que traes
en lienzos y valijones
“las mil y una ocasiones”
para comprar bien barato,
en tu viejo carromato
tira´o por tres mancarrones.

Una caja de Pandora,
es al abrir tus valijas,
porque allí hay para que elija
el patrón o la señora.
Atendés a toda hora
y si no hay plata genuina
lo mismo huevos o clina,
que en tu carro te cargás
o en las palomas colgás
algún jaulón de gallinas.

A veces de cadenero,
traes atado a tu carro,
lleno de abrojos y barro
un mestizo parejero.
Tan desgarbado y tan fiero,
que pedís lo más tranquilo,
de ventaja, algunos kilos
si copás una cuadrera,
pero al caer la “bandera”,
¡ Tu pingo es un refucilo!

Hoy el campo está cambiado,
modificó su paisaje
y vos te fuiste de viaje
porque el progreso ha ganado.
Con tu carro bien cargado
con amargura y tristeza,
sin dar vuelta tu cabeza,
obedeciste al destino,
y así emprendiste el camino
del que jamás se regresa.

Carlos Ernesto Pieske
En la foto: "El Turco y su carromato". Escultura en madera de cedro.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Camila

 
http://www.mediafire.com/?at870cpyvuw19

Camila (1984)

Solapas principales

Dirección: 
María Luisa Bemberg

INTÉRPRETES

Imanol Arias
Padre Ladislao Gutiérrez
Susú Pecoraro
Camila O'Gorman
Héctor Alterio
Adolfo O'Gorman
Elena Tasisto
Joaquina Ximénez Pinto de O'Gorman
Carlos Muñoz
Monseñor Elortondo
Claudio Gallardou
Eduardo O'Gorman
Boris Rubaja
Ignacio
Lidia Catalano
Hortensia
Jorge Hacker
Padre Gannon
Roxana Berco
Carmen O'Gorman
Alejandra Colunga
Clara O'Gorman
Oscar Núñez
Mariano
Jorge Ochoa
Padre Félix
Mona Maris
La Perichona
Lelio Incrocci
Voz de Ladislao Gutiérrez

EQUIPO

Dirección

Alberto Lecchi
Asistente de Dirección
Antonio Barrio
2do ayudante de dirección

Guión

Producción

Lita Stantic
Producción
Dolly Pussi
Asistente de producción

Fotografía

Fernando Rivas
Fotografía
Daniel Karp
Cámara

Música

Montaje

Dirección arte

Miguel Rodríguez
Dirección de arte
Graciela Galán
Vestuario

Otros

Esmeralda Almonacid
Ambientación
Héctor Carballo
Ayudante de cámara
Abel Facello
Escenografía

reserva

http://www.mediafire.com/?j39xg4m94n0fl
Mi reserva, si quieren descargar ficheros que no he tenido el tiempo aún de publicar

BATALLA DE RIO PIEDRAS

BATALLA DE RIO PIEDRAS

3 de Setiembre de 1812 – Combate de Las Piedras


Batalla de Las Piedras

El 3 de septiembre el ejército patriota se halla sobre el río de Las Piedras, cuando los Decididos son atacados por la vanguardia realista, produciéndose una escaramuza. 

El cuerpo patriota se reúne con el grueso y Belgrano, que espera una oportunidad favorable, despliega al ejército en la margen del río haciendo abrir el fuego de la artillería para despejar el frente. 

Los patriotas persiguen a los españoles, tomando quince o veinte prisioneros y matando otros tantos. 

Una partida de paisanos al mando del capitán Esteban Figueroa logra apresar al jefe enemigo, coronel Huici, al portaestandarte Negreiros y a un capellán. 

Son las cuatro de la tarde y la victoriosa partida inicia una marcha forzada con sus prisioneros, huyendo del resto de los adversarios. 

A las doce de la noche están ya en Tucumán, donde se encuentra el grueso del ejército.

Me estoy yendo

(de Mochita Herrera)

Volví triste pa’ mi rancho
Por esta orden que es fría.

Que me obliga a dejar
Lo que tengo y más quería.


Alcé mi pobre cosecha
Y preparé el ganado,
Con mi mama alterada
Y los hijos asustados.


Suelta en llanto, mi mujer
En quedarse amenazó
Pero al vernos ya lejos,
Su fiel caballo apuró.


Cuando me cruce con otros
Como yo tan angustiados,
Mi pena se hizo grande
Pa’ este pecho truncado.


Mi rancho quedó atrás,
Y mis ojos voy cerrando
Pa’ no ver como el fuego
Mi vida esta quemando.


Yo no sé pa’ donde vamos
Y no sé si volveremos,
Solo sé que me ahogo
Por saber lo que perdemos.


En silencio todos marchan
Pero sollozos se siente,
Los animales arriados
Confundidos con la gente.


Ya nos apuran el paso,
Ta’ cerca el enemigo,
Y queda el Xibi-Xibi
Como único testigo.


El general parece frío
Pero una lágrima le vi
Por que esta batalla
La debemos peliar así.


Ahora ya lo entiendo
Que no podemos quedar
Por que una tierra libre
Los hijos deben heredar.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Frutos del Segundo Congreso Nacional de Folklore

Frutos del Segundo Congreso Nacional de Folklore

El próximo martes 4 de Septiembre a las 18 hs., en nuestra reunión mensual en el Centro Cultural San Martín, Sarmiento 1561, presentaremos la evaluación inicial y los frutos del extraordinario Segundo Congreso Nacional de Folklore de la Academia del Folklore de la República Argentina, realizado en Corrientes, del 22 al 25 de Agosto de 2012.
Decimos extraordinario pues superando al primer Congreso (San Luis, 2010),  se enfocó en temáticas y con especialistas muy representativos de las materias  que integralmente constituyen el campo del Folklore.
Música, danzas, poesía, estuvieron presentes, claro, pero también la problemática de la ciencia, la realidad de la investigación, las industrias y la gestión cultural  en el Folklore, la religiosidad, las comidas, las experiencias educativas, la relación con los medios de comunicación, las fiestas, los idiomas originarios, y las artesanías.                                                                                                                                                                                           Pero sobre todo, atravesó con coincidencia integral y entusiasmada a todos los paneles, el gran objetivo  educativo: La Enseñanza del Folklore (integralmente concebido) en las Escuelas.                          
            La unidad en la diversidad, que permite el reconocimiento de las diferencias, es la riqueza y sobre todo, la libertad hermanada que el Folklore brinda de manera única: todas las facetas, todas las posiciones, todas las regiones entran en nuestro Folklore, y son parte de una identidad reconocible y a la vez múltiple.   
 
Cuatro frutos, específicos e  invalorables se obtuvieron del Congreso, que reunió a más de 200 especialistas y fue multitudinariamente seguido en vivo en todo el país por la red:                      
·         La consolidación y aprobación de los asistentes del Proyecto de Ley de Enseñanza del Folklore en las Escuelas, sobre la base de lo tratado en las jornadas del 28, 29 y 30 de junio en San Juan por más de 40 educadores, y los aportes de este Congreso.                                                                    
Fue la diputada nacional Margarita Ferrá de Bartol, (FPV, San Juan) quien presentó en el Congreso este proyecto final y anunció que lo presentará en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación.        
Pero fue la totalidad del Congreso quien recibió la obligada contraparte de difundir y lograr los apoyos sociales que realicen una concientización cabal de la importancia de esta iniciativa.     
     
·         La realidad de los logros  ya efectuados, la seriedad y profundidad de la actividad de la Academia, llevó además  a la Diputada Ferrá de Bartol a anunciar que presentará en Diputados, el Proyecto de Ley para incorporar  a nuestra Academia del Folklore al régimen de Academias Nacionales.               
     
Ya está en el Senado el Proyecto de Ley presentado por la senadora Ada Rosa del Valle Iturrez de Cappellini (Santiago del Estero, Frente Cívico por Santiago) junto a los senadores Aníbal Fernández (FPV, Buenos Aires) y Pablo Verani (Río Negro, Alianza Concertación para el Desarrollo). También presentaron sendos proyectos el senador Horacio Lores (Neuquén, Movimiento Popular Neuquino) y el mismo senador Pablo Verani junto a otros diecinueve senadores nacionales.             
  
·         Y otro logro impensado y a la vez extraordinario, fue la iniciativa de la Universidad Nacional de la Cuenca del Plata, anfitriona de las jornadas, de crear una capacitación post título, de nivel universitario, para docentes                                                                                                                                                        
Esta propuesta pedagógica, con duración aproximada de un año y medio, unas 200 hs cátedra (que incluyen tres aspectos: enseñanza, investigación y presentación de trabajos), y un ensayo integrador final, otorgará puntaje docente. El diseño curricular  será elaborado  en forma conjunta  entre la Universidad y la Academia del Folklore de la República Argentina. Este proyecto así pensado, busca asegurar que los maestros sean participes convencidos del valor de la cultura tradicional como  sostén de identidad,        
Los primeros días de septiembre se realizará una reunión de técnicos de nuestra Academia y la Universidad de la Cuenca del Plata para comenzar a elaborar la concreción de esta importante iniciativa.
El proyecto así pensado, busca asegurar que los maestros sean partícipes convencidos del valor de la cultura tradicional como sostén de identidad integrando y complejizando diferentes áreas curriculares. Ello excede la concepción “habitual”  de que el folklore corresponde solamente al área  “artística”.
El Campus Virtual de la Universidad permitirá además, que no sólo el NEA (ámbito natural de esa Casa de Estudios) pueda acceder a ella sino que tendrá accesibilidad a distancia a todo el país.               
·         La invalorable presencia y generoso espíritu de colaboración del Dr Manuel Dannemann, profesor chileno de máximo prestigio internacional y Director de la Sección Folklore de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, permitió por último, sentar las bases de una futura colaboración binacional.                 
Se comenzaron a delinear las primeras ideas  para crear, con esta distinguida institución del país hermano, las bases de una muy estrecha y dinámica relación destinada a realizar trabajos y proyectos conjuntos y jornadas de estudio e intercambios, a la que la Academia formalmente, presentará su interés sobre esta posibilidad en los próximos días.

El folklore está vivo, es integral, es federal y sobre todo, necesario. El Segundo Congreso Nacional de Folklore demostró que un trabajo serio, sin figuraciones o ambiciones, puede fructificar.

Los esperamos el próximo martes 4 de septiembre a las 18 hs. en el Centro Cultural San Martín.




Firma_1                                                                                         Firma_2       
Marián Farías Gómez                                                                                                        Antonio Rodríguez Villar
Secretaria Académica                                                                                                                        Presidente
                            
                                                 
                                                Sede Provisional: Talcahuano 826, 8º piso, 1013- Buenos Aires. Argentina
                                                  Teléfono: 011-4812-9370   info@academiadelfolklore.com

El Milagro en Salta: fe y cohesión social

El Milagro en Salta: fe y cohesión social
Por Gregorio A. Caro Figueroa
n 1592, diez años después de la fundación de Salta, morían en Madrid dos personajes importantes cuyos recíprocos enconos marcaron a fuego sus orígenes: el licenciado Hernando de Lerma, su controvertido fundador, y el dominico Francisco de Victoria, primer obispo del Tucumán. Lerma se apagó en una oscura celda, acosado por la pobreza “sin tener con que se dijese una misa”. En el convento de Atocha, cerca de allí, murió el también discutido Victoria.

Desde la orden de fundar Salta impartida por el virrey Toledo, pasaron dieciséis años y cuatro gobernadores hasta que Lerma la ejecutó en 1582. Si larga y saturada de conflictos fue la gestación de la nueva ciudad, no menos lenta y dificultosa lo fue la erección de la nueva diócesis. Ninguno de los tres primeros candidatos a ocupar el obispado pudo hacerse cargo: dos murieron antes y uno renunció.

No será ésta la única semejanza entre Lerma y Victoria: también lo será la dureza de carácter y las ambiciones de poder. Tan pronto como se conocieron, sus recios temperamentos chocaron como filosas espadas. “Saludarle éste y reñir con él, todo fue uno”, escribirá el obispo que excomulgó al gobernador.

Lerma tenía 37 años, era altanero y “de carácter tumultuoso”. Un vecino lo describió como “vengativo, cruel, sin caridad ni piedad”; fue “el hombre más endiablado…que se ha visto en este mundo jamás”. Victoria invocó poderes especiales y desairó una y otra vez al gobernador. Vinculado con jesuitas del Brasil, practicó el contrabando.

Los supuestos orígenes de ambos también los acercaban. Que Lerma descendía de judíos conversos lo recordó Abreu, su antecesor, al decir que era “judío que tenía sambenito” y lo demostraron recientes investigaciones. Victoria, como “muchos dominicos eminentes”, pertenecía a esa estirpe. Diego Pérez de Acosta, su hermano mercader, “fue relajado en efigie”.

Ninguno de los dos tuvo tiempo para comprender que, pese al escaso tiempo en Salta y a su encarnizado antagonismo, habían colocado los cimientos más firmes y duraderos de esa sociedad: la ciudad, su espacio geográfico, y su fe religiosa. El fundador dejó su apellido al valle que abraza la ciudad. El obispo la imagen del Cristo del Milagro.

Aquel caserío bautizado “ciudad” era apenas una indefensa cáscara terrena constantemente amenazada de zozobrar en un mar de inseguridades: hambre, pestes, violencia generada por el vacío espacial, incursiones indígenas y miedo a lo que no se puede controlar y a la muerte. “En quien impera el miedo, la acción se introvierte y convierte en pasividad. No vive; es vivido” (Keyserling).

Sentía también la amenaza de agrietarse por espasmos de la tierra o perecer por la furia de un cielo que castigaba con sequías o amenazaba diluvios. Peligros que provocaban miedos; miedos que buscaban conjurarse. La historia se ocupó más del valor y la temeridad que del miedo, observa Delumeau.

La precariedad lo impregnaba todo: número de hombres, recursos para la subsistencia, medios de transporte, elementos técnicos, defensas contra enfermedades, materiales de construcción, educación y práctica religiosa. Los sacerdotes que recorrieron la diócesis remarcaron esa debilidad general, aunque más aguda entre indígenas.

Los indios estaban abandonados. La severa mano del amo estaba demasiado cerca. La posibilidad de evangelización y de ayuda paternal, demasiado lejos. La extensión geográfica de la diócesis contrastaba con la presencia de religiosos de distintas órdenes: al momento de hacerse cargo Victoria había sólo cinco clérigos. Al dejar la sede eran 33. Una Carta Anua da precisiones: en Salta sobrevivían 150 españoles y 1.500 indios “sin doctrina y los más sin bautismo”; sólo dos sacerdotes, la iglesia matriz y conventos franciscanos y mercedarios.

Limitados o impedidos de adorar los dioses de sus antepasados, los indígenas encontraban dificultades para comprender los rudimentos y aceptar como propias lo que inculcaban los sacerdotes. Esa dificultad, además de lo complicado que resultaba traducir a términos comprensibles la doctrina, provenía de la falta de sacerdotes que supieran hablar sus lenguas. Esto se convertía en imposibilidad si intentaban usar un simple catecismo.

La resistencia indígena fue débil dentro de la angosta franja de territorio salteño delimitado por los calchaquíes, la las tribus de la “frontera” y la soledad de la puna. Esa menor resistencia podría explicar por que aquí no se desató la intensa “guerra de las imágenes” que los conquistadores libraron en México para extirpar ídolos indios. Antes que guerra, lo que se dio en este espacio del Tucumán fue una combinación de desplazamiento, absorción y sincretismo de creencias.

Para españoles y mestizos, la vida religiosa estaba a tono con el resto de una rústica vida social, a la que aporta sus pocos elementos de sociabilidad. Más mujeres que hombres asisten a misa y son pocos los fieles que comulgan. Las únicas fiestas religiosas acompañadas de procesiones son Semana Santa, Corpus, Ascensión, Difuntos o las del santo patrono en las que predominaba el sello andaluz, región de origen de la mayor parte de sus pobladores. No transcurrieron muchos años hasta que los rasgos criollos y mestizos matizaran esas celebraciones.

La imagen, el culto de la imagen milagrosa y la piedad basada en ella, por su “efecto hondamente conmovedor”, se revelaron como eficaz instrumento evangelizador y educador en una realidad de muy escasos libros y lectores. A esto se añade el apego de los “cristianos viejos”, reforzado después de la Reconquista. Esto contribuyó “a fijar la identidad de los cristianos de España y sus prácticas religiosas en un tiempo en que la Iglesia favorecía el culto a las imágenes, a condición de que no se cayera en la idolatría”, señala Serge Gruzinski.

Victoria reparó en las limitaciones que imponían el medio y la pobreza. Advirtió también la importancia de utilizar imágenes para evangelizar, asimilando así la lección que se desprendió del culto que los indígenas mexicanos comenzaron a rendir a partir de 1530 a una Virgen (Guadalupe) pintada en la colina de Tepeyac donde, antes de la Conquista, rendían culto a una divinidad indígena. Denunciado como escandaloso en 1556, el culto a la Virgen fue asumido por el clero en 1648.

El obispo Victoria bendijo los cimientos de la ciudad, trabajó en el deslinde de solares, celebró misas, confesó y organizó la modesta iglesia matriz. La tradición dice que, antes de abandonar la ciudad, prometió donar una imagen tallada de Cristo “tamaño natural, de los muchos tan hermosos que tallaban los artistas españoles para satisfacer la piedad de los fieles de Europa y América”.

Ese propósito coincidía con los cambios de criterio en la Iglesia, más dispuesta a aceptar la incorporación de algunos elementos de los cultos indígenas, a admitir la utilización de los milagros en la empresa evangelizadora y a incorporar imágenes y su culto. Mediante imágenes, “se instruye y confirma el pueblo recordándoles los artículos de la fe y haciendo que recapacite continuamente sobre ellos”.

En la segunda mitad del siglo XVI, “a la imagen franciscana que se dirigía prioritariamente a los indios, la sucedió una imagen que explotaba el milagro y trataba de reunir en torno de intercesores comunes a las etnias que componían la sociedad colonial: españoles, indios, mestizos, negros y mulatos”. Fue también entonces que comenzaron a desplegarse como motivos de fe y de culto a los milagros. Ellos servían “para excitar y afianzar la fe sobrenatural”. La esperanza en el milagro reducía el miedo provocado por la amenaza de catástrofes.

Estos temores eran los que también movilizaban en el Incanato grandes “multitudes quejumbrosas”, organizadas en peregrinaciones para implorar lluvia, o marchando en procesiones “a cumbres, lagunas y otros accidentes topográficos para impedir granizos, heladas, rayos o epidemias”.

Durante milenios, el habitante andino convivió con una tierra que periódicamente parecía enfurecerse vomitando lava o se estremecía en sus profundidades. “La omnipresencia de estos desastres telúricos ha quedado en la memoria colectiva ancestral de la magia y de la religión andina del incario con ayunos, ofrendas y sacrificios para aplacar tormentas, erupciones, cataclismos” (Cunill Grau).

Lima padeció terremotos en 1687 y 1746. De 1654 data la primera procesión del Cristo de los Temblores limeño, cuyos fieles eran “casi exclusivamente” plebe y esclavos. Ese año en El Callao murieron 7.000 personas. Entre 1582 y 1877 Arequipa sufrió 16. En Chile se repetían desde 1575 y el Señor de Mayo protegía de terremotos. En Cuzco la procesión del Señor de los Temblores convocaba miles de indios, mientras llueven pétalos de flores y corren “ríos de chicha, de vino y de aguardiente”.

Algunas de estas catástrofes se vieron acompañadas de prodigios, milagros y apariciones de la Virgen. Después de 1585 y del Tercer Concilio Mexicano que adoptó las decisiones de Trento, se vivieron “tiempos llenos de milagros y de imágenes”. La peste de 1737 movilizó a los mexicano detrás de Nuestra Señora de Loreto, “que había triunfado sobre el sarampión diez años antes”. Con la Virgen de Copacabana, Perú conoció ese fenómeno entre 1570 y 1600.

A mediados de 1592, cuando Victoria agonizaba en Madrid, aquella promesa suya se cumplió. Más que llegar, la imagen del Cristo apareció flotando en una caja de madera. Acompañada por otra de la Virgen María y empujada por aguas del Pacífico, terminó su extraña y jamás determinada travesía en el puerto de El Callao, cuando la tierra temblaba. “Hay un secreto misterioso que envuelve la aparición del Cristo”, escribe Toscano.

Rodeada de un hecho providencial, la imagen del Cristo parecía predestinada a convertirse en objeto de culto. La tradición afirma que el mismísimo Virrey del Perú y su séquito asistieran a la apertura de esas cajas, acompañando luego el cortejo que las transportó hasta Salta, pasando por Potosí.

El sacerdote-historiador Miguel Angel Vergara, al cuestionar versiones legadas por la tradición, duda que el Virrey haya presidido esas ceremonias. “Las imágenes de un Santo Cristo y una Virgen del Rosario no eran ninguna novedad. Lima, Charcas, Potosí, Cuzco, están llenas de imágenes similares y quizás mejores”. Tampoco parece verosímil que hayan sido medio centenar de vecinos encumbrados los que las hayan cargado desde Potosí hasta Salta. La pequeña ciudad no tenía esa cantidad de “notables”: la carga fue transportada por indios, negros y mulatos a hombros y también en mulas.

Ciento veinte años después de su llegada a Salta, y a instancias de los terremotos que sacudieron a la ciudad en septiembre 1692, el gobernador Urízar invitó a antiguos vecinos a declarar “acerca de lo que saben o han oído decir de la traída del Señor Santo Cristo maravilloso y raro que la Iglesia matriz de esta ciudad tiene, por no haber noticia de dónde vino ni cuándo”. Allí se dijo que, desde 1592, ese Cristo depositado en la sacristía de la iglesia matriz, lo “tenían olvidado…y desde que vino a esta tierra no había visto la ciudad ni sus calles…”. No había sido sacado en procesión desde 1644.

Tendrá que mediar el terremoto de 1692, que sacudió a la ciudad tres días y destruyó Esteco, para que concluyera, con una importante manifestación de fe, ese casi largo medio siglo de letargo del culto a la imagen del Cristo relegado en la sacristía. No habiendo medio humano para detener la ira de la tierra, “se recurrió al poder de la fe y de la religión”.

Los salteños parecían instalados en una “indiferencia y frialdad religiosas” que se transformó en entusiasta devoción. La devoción adquirió continuidad garantizada por “una cadena no interrumpida de piedad filial”. Ese compromiso fue ratificado por sucesivos acuerdos del Cabildo; renovado por el voto de 1692; el Pacto de Fidelidad después del terremoto de 1844, renovado en 1894; y el acta oficial 1948, con motivo de otro sismo.

Al culto del Milagro de Salta se puede aplicar la observación de Gruzinski respecto al de la Virgen de Guadalupe: “Año tras año, la imagen produce el milagro, y el milagro consagra la imagen”. El carácter recurrente de los movimientos sísmicos está acompañado de la puntual renovación del compromiso de fidelidad del pueblo agradecido con el Señor y la Virgen.

En medio del horror se organiza la primera procesión del Cristo que, a partir de entonces, será llamado el Señor del Milagro, más por fuerza de la tradición y la opinión del Cabildo que por declaración eclesiástica formal.

Antes de que la imagen recorriera la calle principal “en hombros de los sacerdotes y del pueblo”; los mercedarios encabezan una procesión de penitencia “con los pies descalzos, ceñidos de burdos hábitos, confundidos con el pueblo que deja escapar gemidos desgarradores, son los primeros en practicar estas públicas penitencias”. Recién día siguiente son sacadas las imágenes del Cristo y de la Virgen.

En esas dramáticas circunstancias, debió alterarse el estricto orden que regía durante los oficios religiosos. A ellos asistían, invocando la misma protección, unidos por el mismo temor y por la misma fe, autoridades, sacerdotes, religiosos, encomenderos, comerciantes, mujeres, ancianos, niños, españoles, criollos y la “plebe” formada por indios, negros y mulatos.

El segundo sismo de 1844, en un contexto social diferente al de fines del siglo XVII, reproduce parte de ese cuadro y da lugar a una repetición de los ruegos y también del milagro. “Son los sacerdotes, son los hombres sin diferencia de condiciones, que ofrecen el espectáculo más sensible y edificante; es la mujer del bajo pueblo, es la matrona y la dama de la alta sociedad que sigue esta vía crucis de sangre caminando de rodillas y uniendo el eco de sus plegarias a la oración común que brota de todos los labios”, anota Toscano. Se confundían “el esplendor de la opulencia con la humildad de la pobreza”.

Esa cohesión circunstancial no suprimía, aunque si suspendía transitoriamente, diferencias étnicas y sociales que tendían a profundizarse. Sin alcanzar la intensidad de los conflictos sociales de la Nueva España, se puede decir que de modo parecido a la devoción que concitó la Virgen de Guadalupe, la del Señor y la Virgen del Milagro de Salta comenzó a expresar “una voluntad de conciliación y unanimidad”.

Esto no puede ocultar, sino más bien revelar, que el prestigio de las imágenes constituye “un capital simbólico contante y sonante”. Sus réditos no son sólo aprovechados por la Iglesia o las órdenes religiosas a las que pertenecen las imágenes. Tentados por su capacidad de cohesión, también lo hace el poder político o lo intentan determinados grupos sociales.

En esas manifestaciones no sólo se expresaba la fe del pueblo, sino también la de los gobernantes, señala Toscano. Los dueños del poder solían invocarla “con fe profunda hasta para afianzarse en el gobierno de los pueblos y consolidarse en el poder, sin que se les deponga por autoridad alguna". “Las armas de la patria, añade, tuvieron un feliz apoyo en las imágenes del Milagro”. En 1838 Felipe Heredia declaró a la Virgen “Protectora y Generala del ejército de la Provincia”.

En la América española la imagen milagrosa “atenúa la profunda heterogeneidad de un mundo en que las disparidades étnicas, lingüísticas, culturales y sociales hacen frágil y separan en extremo”, dice Gruzinski. Atenúa y no suprime porque esa cohesión sólo se da en los vínculos que se establecen en torno a la fe y al culto de las imágenes, realimentando la fe.

Esa repetición y reproducción del culto de la imagen no se sostiene por sí misma. Necesita no sólo de la formalización de los cultos (libros mezcla de leyenda e historia, textos de novenas, procesiones). Requiere de un orden, de una organización y de un conjunto de normas jerárquicas y ajustadas a un rígido ceremonial. Son los obispos quienes tienen derecho en materia de organización de procesiones. La autoridad temporal no los tiene, ni siquiera para determinar los textos que se leerán.

Los rasgos poco diferenciados de las primeras procesiones van siendo sustituidos por ese orden jerárquico que tiende a reproducir, cada vez con mayor fidelidad, ese otro orden que rige en una sociedad estratificada. El orden interno de la procesión no podía alterar el orden social, antes bien debía ratificarlo y escenificarlo públicamente. En la segunda mitad del siglo XIX todos los límites se van remarcando: del Estado, las familias legalmente constituidas, la autoridad del clero, la ubicación y el rango social, las zonas residenciales, la precedencia en las ceremonias.

“La procesión pone en movimiento a la ciudad toda”, refiere Blasco Ibáñez. El carácter masivo de la procesión no debía traducirse en su masificación. El cortejo aproximaba sin mezclar. La procesión tiene un orden que se debe observar y respetar. Cada sector, agrupado en columnas detrás de estandartes, tiene un espacio. Los espacios en blanco separan y distinguen a unos grupos de otros. Ese orden reproduce la distancia social entre la “gente principal” y la “plebe”. Es que “ni antes Dios somos iguales ni podemos serlo…porque nada hay igual ni en los cielos ni la tierra”, sentencia Bernardo Frías.

Abriendo el cortejo, pero distante de la cabeza, se agita un remolino de “negros y mestizos” haciendo toda suerte de cabriolas y pidiendo limosna, describe Blasco Ibañez en 1909. Jules Huret anota la presencia de chiquillos que corren delante de la hilera portando largos tubos de hojalata donde arde alcohol. Hacia atrás, cerrando la procesión va el “populacho”, “rebaño de pobreza resignada”, formado por una masa de indios y una “gleba de labriegos y ganaderos que viene de los calles de a caballo a pie”.

A la cabeza, adelante de la imagen del Señor del Milagro, marchan los representantes del poder político, algunos intrusos de su clientela, la jerarquía eclesiástica, los jefes militares y un puñado de laicos prominentes. Con sus mejores trajes negros, portaban sus luces “en hachas, gruesos bastones blancos terminados en bujía de cera que proveía la Iglesia por su cuenta”.

Al medio, escoltando a la Virgen, se ubican las cofradías y congregaciones de “damas decentes”, que se diferencian no sólo por el color de piel sino también por la vestimenta, las mantillas, el peinado y los estandartes bordados con dorados hilos. Muchas señoras prefieren presenciar el cortejo desde los balcones de sus casas, “luciendo sus trajes más hermosos”.

Próximas a ellas las jóvenes colegialas del “grupo principal” son la parte “más bella y delicada”. Ellas conforman “una guirnalda de flores”. Visten de blanco, rosa o fresa. Van erguidas, marcando al caminar “sus secretas amenidades”. Vestidas con hábitos, uniformes o estrenando sus trajes de primavera llevaban mantillas de encaje, leve maquillaje, sostienen en sus manos con guantes cirios encendidos “rodeados de arandelas de cristal veneciano”. Algunas “abanican el sofoco”.

Así como ruidosos miembros de la “plebe” abrían el cortejo, lo cerraba, recogido y silencioso, familias íntegras del “pobrerío de aledaño”. Allí marchaban, en actitud penitente, mujeres descalzas y con faldas de vivos colores, bastos mantos negros sobre los hombros, gauchos de rotosos ponchos, promesantes con amplios sombreros duros y rígidos “como un casco” y hasta con cuatro velas chorreándole en cada una de las manos.

El fervor que despertaba no debía tampoco rebasar los límites del recogimiento religioso, aunque desbordaba el impulso festivo más pagano. Diversión, comercio, tratos amorosos, forasteros, saltimbanquis, adivinos y pícaros hervían al calor la celebración solemne celebración. A partir de 1935 las severas prohibiciones impuestas por el arzobispo Tavella, comenzaron a cortar tales “excesos” y a dar a esos cultos “el carácter de penitencia y expiación”.

Hasta ese momento, sin embargo, la procesión no era “triste y de terrorífica solemnidad como en la vieja España”, anota Blasco Ibáñez. “Nada de tristes colores, de velas fúnebres, de gestos compungidos”, añade. Al caer la noche la fiesta proseguía en los caseríos de la periferia donde, en compañía de comidas y chicha, guitarras y arpas animan el baile que, según un viajero, (1934) terminaban “en verdaderas orgías entre la gente popular”.

La imagen y su culto asumen un papel cohesionador e integrador en estas sociedades fuertemente jerarquizadas y excluyentes. Pero no se trata sólo de la cohesión durante los nueve días del culto anual. “El Señor del Milagro es eslabón que vincula a las generaciones, transmitiéndoles una ética”, escribe José Hernán Figueroa Aráoz. “Los ritos son en el tiempo lo que es el hogar en el espacio”, explica Saint Exupéry.
 

ENCUENTROS


ENCUENTROS

Cuando los conquistadores españoles llegaron a América, se encontraron con un mundo distinto, desconocido para ellos. El clima y relieve de este nuevo lugar era totalmente diferente al de su ibérica patria.
Pero además estaba la flora y la fauna. Cantidad de animales nunca vistos por ellos surgían a la vista.
Es así que comenzaron a llamarlos con nombres, de acuerdo con sus similitudes, de los que ya conocían, aunque hubiera diferencias trascendentales entre ellos, y así el coipo pasó a llamarse nutria; el choique o suri fue avestruz; el puma, león; el yaguareté, tigre y el yacaré, cocodrilo.
Lo mismo ocurrió con los naturales, nuestras culturas indígenas cuando estos nuevos visitantes bajaron de sus barcos vacas, caballos, cerdos y ovejas, tanto es así que se debieron inventar palabras nuevas para denominarlos y así surgieron caballu y waca, entre otros.
En el correr de mis lecturas e investigaciones siempre me intrigó como habría sido el primer encuentro del indio con el caballo, animal desconocido por éstos hasta la llegada de los conquistadores. En mis elucubraciones se me ocurrió que esos caballos salvajes tendrían que haber estado de alguna manera en inferioridad de condiciones para que el indio pudiera hacerse de ellos (como el sangrado que se le hace al toro en el ruedo antes de la entrada del torero). 
En esas investigaciones surgieron dos datos interesantes, el primero que en la década de mil quinientos noventa, la llanura pampeana sufrió una de las sequías más grandes del siglo y la segunda que la mención de los primeros indios avistados sobre el caballo realizados por viajeros de la pampa surgen alrededor de 1628. Teniendo en cuenta estos datos es que surgieron estas décimas. No puedo asegurar que fue así como sucedió, pero tampoco nadie me puede discutir la posibilidad que así ocurriera.

ENCUENTRO
Fue en un verano pesado
de mil quinientos noventa,
el sol, todo lo calienta
y el pasto se ha chamuscado,
unos charcos han quedado
de lo que fuera un bañado;
las aves han emigrado
buscando vientos mejores
y miles de resplandores
dejan todo calcinado.

En el aire abrasador
se ven volar remolinos,
que como un talco muy fino
se elevan en derredor.
Es tan intenso el calor
y la seca tan marcada
que alrededor de la aguada
en patético final
se ve más de un animal
dando su última boqueada.

Entre secos duraznillos,
con las orejas paradas,
precediendo a su manada
se acerca al barro un padrillo.
Las yeguas con sus potrillos,
recelosas y asustadas,
tienen las huellas marcadas
de la sequía reinante
y a flor de pelo, tirante,
la osamenta dibujada.

Con brincos y manotones,
el belfo pidiendo aguada...
se va a encharcar la manada
con el barro a los garrones.
En resoplos y empujones
llegan al agua deseada,
hunden allí sus quijadas
bebiendo con avidez
y saciando así su sed
de muchas, muchas jornadas.

Más el padrillo advertido,
de una sombra entre los yuyos,
en bien de salvar lo suyo,
lanza un vibrante ronquido.
La manada lo ha sentido
y en feroz atropellada
dejan nerviosos la aguada
y el peligro que ella encierra,
quedando nubes de tierra
en el espacio colgadas.

Escondido entre el juncal
un “pampa” también sediento
observaba el movimiento
de tan extraño animal.
Y fue este encuentro casual
bajo este cielo argentino
el que ligó dos destinos
de forma tan ajustada
que nunca, nadie ni nada
les separó sus caminos

Un potro se había internado
más de lo que era prudente,
y así quedó de repente
por el barro aprisionado.
El pampa se había estirado
con la panza en el barrial,
y avanzó hacia el animal,
cual precavida serpiente,
apretando entre los dientes
un retorcido ramal.

Al final pudo llegar,
arrastrándose al bagual,
le puso un medio bozal
y comenzó a tironear,
juntos lograron llegar,
embarrados a la orilla
y allí en la seca gramilla
lo comenzó a manosear
para poderle sacar 
una en una las cosquillas.

Más veloz que una saeta,
sin darle el menor resuello
desde las clinas del cuello
el pampa se le enhorqueta.
Ya a nadie y nada respeta
pues discurre que ha logrado
un quiebre con el pasado
por la ventaja que encierra
para la caza y la guerra
el de encontrarse montado.

Y así se cambió la historia
de invasiones y combates
y de hombres que se debaten 
entre el oprobio y la gloria.
Y quedará en la memoria
que en la pampa nos dejara,
cuando pintada la cara,
montando un brioso corcel
se divisaba al infiel
agitando una tacuara.

Carlos Ernesto Pieske